¿Cuál es el Sentido de Ganar o Perder?

Recuerdo muy bien aquellos veranos, esas tardes de tráfico densas en mi ciudad natal de Monterrey, cuando mi madre manejaba de regreso a casa y me llevaba en el asiento de a lado. Lo único bueno de estar varado en tráfico era escuchar música. No sé porqué, pero hace poco me llegó este recuerdo a la mente, como un susurro al oído. De pronto, me visualicé de nuevo de niña; sentada alado de mi madre, esperando que el semáforo cambie a verde para por fin poder avanzar, mientras escuchaba mi estación de radio favorita. De pronto, una voz ronca interrumpe la canción del momento “Pies Descalzos” de Shakira (Sí, el hit de los 90’s!) esa voz comienza a decir: “Son las seis de la tarde. Este es un momento de reflexión…. ¿Dé qué le sirve al hombre ganarse al mundo entero, si se pierde a sí mismo?… Padre Nuestro, que estás en los cielos…Santificado sea tu Nombre”… Fin del comunicado. Prosigue Shakira… “Perteneciste a una raza antigua, de pies descalzos y de sueños blancos….Fuiste polvo, polvo eres….”

En aquellos entonces, no le ponía mucha atención a este pequeño pero significativo incidente. Todos los días a las seis de la tarde, todos los radios de Monterrey paraban la transmisión para darnos esa reflexión: ¿De qué le sirve al hombre ganarse al mundo entero, si se pierde a sí mismo?

Me pregunto cuánta gente realmente se ponía a reflexionar sobre ello. 

Después de todo, la mayoría de nosotros vivimos para “ganarnos el pan”. 

Muchos años después, es que he llegado a realmente pensar sobre el significado de esa frase. Viene de la Biblia, del pasaje de San Mateo 16:26-27 que dice: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?”

A mi me parece que a estas alturas, en pleno siglo XXI, sabemos la repercusión de haber “ganado al mundo”. Nos creemos ganadores y merecedores de un mundo al que realmente, no conocemos. Hemos construido un mundo artificial sobre el verdadero, y hemos explotado al verdadero, para seguir construyendo nuestros castillos de arena (¿O más bien, de plástico?)

Pero, ¿Qué es lo que hemos ganado?

Aparentemente, hemos ganado más “Progreso”. Hemos avanzado en tecnología, en la ciencia y medicina; en el transporte; en la educación y en más confort. Para lograrlo, hemos tenido que explotar y desgastar nuestros verdaderos recursos naturales; los únicos que realmente nos proporcionan la verdadera vida: taladramos árboles indiscriminadamente y destruimos nuestros bosques para producir cosas secundarias como muebles, utensilios, o cosas industriales. ¿De qué te sirve tener una estúpida mesa nueva si no tienes oxígeno para respirar? (…) ¿Porqué contaminamos nuestras aguas con químicos industriales y desechos tóxicos? La misma agua que viaja por los subsuelos acuáticos, por el mar, los ríos… eventualmente termina en el aire que respiramos y en el agua que tomamos.

Vivimos en un mundo en donde si el hombre percibe que “gana”, la naturaleza pierde.

No hemos logrado conseguir un equilibrio óptimo, esta utopía de ganar- ganar. En este juego de la vida, los humanos nos hemos empeñado a querer conquistar la naturaleza y ser los ganadores del cuento; sin darnos cuenta que nuestra victoria, de seguirse llevando acabo como ahora, es la semilla de nuestra propia destrucción. 

Ahora entiendo mejor esa famosa frase de San Mateo, que todos los días las estaciones de radio de Monterrey nos hacían recordar. ¿De qué nos sirve ganar, si en realidad ganar, es perderlo todo? Perderse a uno mismo, es perderlo todo. Perder la propia identidad es un asesinato a la luz del día. 

¿Qué es lo que queremos ganar del mundo? ¿Sus recursos?, ¿La gente?, ¿El poder ?, ¿Qué es exactamente lo que ganamos si intentamos dominar a este mundo? 

Lo único que ganamos, es nuestra garantía de aniquilación. Atentar contra el mundo, contra nuestra naturaleza, contra otros seres, y contra otros humanos, es simplemente atentar contra uno mismo. Porque no vivimos en entidades separadas, ni somos seres auto- suficientes. Necesitamos que nuestro entorno, nuestro mundo, esté en armonía para sobrevivir. Un minúsculo cambio en el fino balance de nuestros procesos bioquímicos y fisiológicos, que cause un desequilibrio en nuestro sistema inmunológico, endócrino y en la producción óptima de células regenerativas y terminamos moribundos en el hospital.

Por eso la pregunta: ¿Ganar o Perder? Carece de todo sentido. No hay ganadores ni perdedores. O respetamos a las leyes de la naturaleza, y buscamos por fin la reunificación humana con los valores universales del amor, la tolerancia y el libre albedrío junto con nuestros compañeros de viaje (todos los seres vivos)…o nos vamos todos al fango.

Y como dice la famosa ley Newtoniana: “Todo lo que sube, también baja”.

Si realmente queremos ganar, tenemos que dejar de competir. Tenemos que abandonar la mentalidad de “ganar” y adoptar una nueva forma de ver a la vida: Ver la Interconexión, los múltiples procesos de vida que dependen uno del otro; vernos interdependientes y como parte del todo; cuidando celosamente nuestro hermoso hogar.

Seguir ignorando este hecho, es mentirse a uno mismo. 

 Y como dice Gandhi: “Siempre es mejor perder con la verdad, que ganar con la mentira”.

El Verdadero Precio de lo Barato

Satyagraha: La fuerza de la verdad. Es la palabra usada por Ghandi para describir la acción de la no-cooperación y la no-participación en sistemas, leyes, paradigmas y políticas que destruyen nuestro planeta, nos roban de nuestra humanidad y nos privan de nuestra libertad.

Vivimos en el mundo de la adicción al consumismo barato. La gente es adicta a consumir lo barato y lo chatarra: Comida chatarra, ropa chatarra, servicios y redes de comunicación chatarras.

Cuando compramos una blusa en la app de Wish a 5 dólares y te la mandan desde China, pensamos que hemos hecho una “ganga” y que somos muy listos. O cuando compramos manzanas importadas a un precio tres veces menor que las locales, creemos que estamos haciéndole un favor a nuestra economía al guardarnos “un dinerito”.

¿Qué es lo que hace que una blusa, o que una taza de plástico con brillitos, salga tan barata?, ¿Será que – como nos dicen las corporaciones- se pueden hacer economías de escala, de alta eficiencia que sean “sustentables”?

¿Cuál es el verdadero precio de una blusa de Zara?,¿Los 29 euros que vienen en la etiqueta?, ¿Qué pasaría si le agregáramos el precio de las muertes de los campesinos intoxicados, y la destrucción de microorganismos al tratar con algodón transgénico Bt?,¿De los niños que nacieron con malformaciones al estar expuestos a tierras y aguas infestadas de químicos?; ¿De las muertes y enfermedades de las mujeres por trabajar horas excesivas en condiciones inhumanas en las maquiladoras de Bangladesh?

¿Los miles de toneladas de químicos que desechan las industrias textiles en los arroyos locales de los países más vulnerables?; ¿De los gases tóxicos que se desprenden de las manufactureras al producir en masas?; ¿Los gases emisores en la transportación?, ¿Las enfermedades causadas por estrés de todos los trabajadores que explotan en las cadenas de suministro?

Según la doctora Vandana Shiva, se estima que el verdadero costo ambiental y humano del uso de químicos en la agricultura en India es de 1.3 billones de dólares anualmente.

Nos han vendido a la globalización como la “panacea” para resolver nuestro suministro a nivel global. Nos venden la ilusión de “unidad” en comercio y “prosperidad” con organizaciones globales para cumplir todos nuestros caprichos; cuando en realidad, lo único que ha ocurrido, es un incremento desmedido en la brecha desigualdad económica: cada día hay más pobres; cada día se destruye más la clase media; y cada día se va cerrando la “vasta riqueza” quedando en manos de unos pocos billonarios, que se creen dueños y señores del mundo.

No podemos pasar desapercibida la nueva tendencia en agricultura: Las grandes agroquímicas se están aliando con el “Big tech” para “digitalizar” los bancos de datos de los métodos de agricultura con el fin de patentar ese conocimiento y vendérselos a los campesinos en modo de “Apps”- O sea, primero pretenden robarse la información, digitalizarla y después patentarla para despojar a los campesinos de lo poco que les queda: El conocimiento heredado de la tierra y de nuestros ancestros sobre cómo hacer agricultura y del manejo de las semillas.

Es una pena, que como humanidad estemos demasiado ocupados en nosotros mismos, que vivamos en el conformismo por flojera o miedo, que seamos tan ciegos ante la catástrofe que se nos viene encima si no practicamos Satyagraha: no cooperación, resistencia civil no violenta. Despertar. Ghandi lo predicó hace más de 100 años contra el imperio Británico. Es nuestra oportunidad de aplicarlo contra el imperio globalista de unos pocos.

Todos hablamos del cambio climático; criticamos a políticos, activistas, empresas y demás- pero al final terminamos siguiendo los mismos patrones de consumo: Seguimos comprando en Amazon, en Walmart, en Zara por “conveniencia” y nos olvidamos de apoyar el comercio local que está al borde del colapso en la mayoría de los países después de la “crisis sanitaria” del Covid.

Ojalá que nos demos cuenta pronto, que, al intentar acumular un mundo de chatarras, estamos destruyendo nuestra verdadera riqueza: Nuestros árboles, nuestros mares, nuestros bosques, nuestras culturas, nuestros comercios locales y de paso destruyendo el hábitat de otras millones de especies que co-habitan con nosotros.

También estamos perdiendo nuestra libertad; nuestro estado natural de autopoiesis (i.e. nuestra capacidad de ser auto-creadores, auto-suficientes de nosotros mismos y del entorno).

Nos venden la idea que no podemos vivir sin las semillas transgénicas, sin el agua azucarada de Coca-Cola, sin las comidas procesadas en cajas de Nestlé; que la tierra no puede generar y crecer sus propias plantas sin químicos; que no somos capaces de ser creativos ni autosuficientes.

Este es el mejor momento para cambiar. Para unirnos, para salvar nuestra tierra y preservar nuestra especie.

El poder de la violencia y la destrucción, viene de la separación”- Vandana Shiva