El Lado Oscuro del Culto al Éxito

En nuestra sociedad moderna, hemos normalizado el estrés y el tener siempre la agenda llena con cosas que hacer. Tenemos que estar entretenidos 24/7, si no es trabajando de lomo a lomo, es checando redes sociales, leyendo los últimos tweets, viendo lo último viral en Tik Tok o simplemente consumimos lo que nos pongan en la televisión o Netflix. El culto al éxito en nuestros tiempos se basa en un modelo de desarrollo personal que está enfocado en esclavizar la actividad humana para lograr el «éxito» según los estándares de moda del momento: fama, dinero, consumismo, hedonismo, atención, etcétera.

Soy una firme creyente del poder de fijarse metas y de desarrollar una disciplina sana que te ayude en la vida diaria a conseguir tus logros, de hecho, pienso que una de las causas más nobles de la humanidad es la capacidad de desarrollar una visión de tu proyecto de vida. Sin embargo, también he notado que el enfocarse únicamente en auto-exigirse continuamente sin poner atención a otras causas externas puede ser peligroso para nuestra salud mental. Como sociedad, estamos experimentando un estrés crónico a niveles nunca antes vistos; de acuerdo con el Banco Mundial, la OMS estima que al menos una de cada cuatro personas en el mundo padecen de algún tipo de trastorno mental y la cifra aumenta cuando hablamos de personas que viven en una situación económica vulnerable.

Lo alarmante del asunto es que a través de los años, se ha estado traspasando la responsabilidad del bienestar total al individuo mismo, sin tomar en cuenta cómo nuestras propias instituciones, empresas y gobiernos son los culpables de crear un medio ambiente más hostil en donde se convierte prácticamente imposible el conseguir algún tipo de bienestar. Gobiernos que mandan miles y millones de dólares a financiar guerras inútiles, pero no tienen dinero para apoyar a sus propios ciudadanos con sistemas de salud dignos o cubrir sus necesidades básicas; gente que tiene que pagar impuestos estratosféricos para mantener cientos de puestos políticos sin oficio ni beneficio más que engordarse sus carteras a merced de la población; soportar crisis financieras creadas por bancos que por incompetencia o por diseño, se colapsaron con “malas inversiones”.  Tan solo el fin de semana pasado, quebraron dos de los bancos más grandes en Estados Unidos: Signature Bank, y Silicon Valley Bank.  La inflación está en los más altos niveles históricos en muchos países del mundo; y para colmo, el mercado de bienes y raíces se ha vuelto imposible por las enormes tasas de interés y la subida el Euroíbor. Miles de familias tienen que rentar, vivir con sus padres o de plano vivir en la calle porque no les es posible adquirir una vivienda.

Puedes hacer todo el yoga que quieras, mentalizarte sobre el éxito, mantener una mente positiva, trabajar día y noche, y “adaptarte a las nuevas circunstancias”, o aceptar que el minimalismo y el “no tendrás nada y serás feliz” es lo de hoy- pero esa no es una solución sustentable. Hay una línea muy delgada entre demonizar el capitalismo y usarlo como excusa para quitarles a las personas el derecho a una vida digna; de acuerdo a sus necesidades y aspiraciones. Lo que en realidad hay que cuestionarnos es: ¿Hasta cuándo vamos a permitir que los gobiernos, las instituciones, las grandes empresas, etc. hagan lo que quieran con nosotros?

Si nos pagan salarios miserables, es porque lo hemos aceptado como sociedad. La competencia de ratas que se ha impuesto como modelo a seguir para “hacer carrera profesional” ha logrado que cada vez más gente acepte salarios o condiciones de trabajo mediocres por miedo a no conseguir nada mejor. Eso no solamente perjudica al que aceptó esas condiciones; nos perjudica a todos. El aceptar como sociedad que ahora padre y madre tengan que trabajar para poder llegar al fin de mes; para poder poner algo de pan en la mesa para sus hijos, no es empoderamiento… es empobrecimiento. Por mucho tiempo nos han vendido la idea que la “mujer empoderada” tiene que hacer carrera para ganarse un lugar en el mundo machista patriarcal. ¿A dónde nos ha llevado todo esto? A que la madre, que es el pilar de la familia, también esté lejos de casa, y los niños se tengan que criar solos en una guardería y ya sabemos que hijos que se crían sin padres = mayor tendencia a que los hijos se tornen violentos o sufran algún trastorno mental.

El culto al falso éxito nos dice que es nuestra entera responsabilidad, crear la vida de nuestros sueños, y esa vida de sueños equivale a: tener más, consumir más, hacer más, gastar más, dar más… es un culto que en mi punto de vista, se aleja mucho del verdadero éxito: El verdadero despertar; tomar consciencia espiritual; gozar de paz; disfrutar a la familia; desarrollar tus propios pensamientos ; desplegar tu creatividad y generar abundancia a tu propio ritmo; acumular conocimientos verdaderos; libertad de ser y expresarse; reflexionar sobre la naturaleza y sobre la realidad de la naturaleza humana. El ritmo de vida de hoy no permite esos lujos.

El mundo está cambiando demasiado rápido, tecnologías que creíamos sólo eran posibles en libros de ciencia ficción ahora forman parte del staff de las grandes industrias. Amazon pronto empleará a más robots que humanos en un futuro cercano (interestingengineering.com).

Si pronto los robots reemplazarán los trabajos clásicos del ser humano, ¿Qué nos queda por hacer? El gusto y el orgullo por hacer trabajo manual, que es algo que hemos tenido desde el inicio de los tiempos, está en peligro de extinción . No se trata simplemente de automatizar tareas simples y repetitivas como en la maquila o la manufactura. La IA viene también “con todo” para reemplazar médicos, cocineros, managers, choferes y hasta artistas, escritores y chefs. Eso es lo que tecnologías como ChatGBT están transformando en muchas industrias.

Con estas transformaciones tan drásticas y en tan poco tiempo, vale la pena observar y juzgar con sentido común si todo este cambio tan vertiginoso tiene sentido. ¿Tiene sentido apoyar el desarrollo de IA para objetivos que nadie conoce exactamente?; ¿Tiene sentido pagar más por un impuesto verde para supuestamente frenar el cambio climático?; ¿Tiene sentido poner más atención y presupuesto a leyes de igualdad de género y derechos trans en lugar de enfocar ese presupuesto a mejorar las escuelas, o que las familias reciban más incentivos para que los niños puedan crecer en condiciones más favorables?

El actual culto al éxito, el querer imitar a las celebridades, es en mi opinión, un sinsentido. Te pone desde el inicio en desventaja, porque nunca sabes cómo es que precisamente esos influencers lograron serlo en primer lugar. Tal vez miles de niñas sueñan con seguir el ejemplo de Greta Thunberg o alcanzar la fama de Shakira, sin saber que esas figuras seguramente fueron financiadas desde el inicio para un fin particular.

Nuestro éxito como civilización en los siguientes años dependerá de qué tanto estamos dispuestos a luchar colectivamente para desmantelar intereses de instituciones globales, gobiernos socialistas, populistas, izquierdistas o incluso derechistas que atenten contra los derechos fundamentales de los seres humanos: La libertad, la dignidad, la justicia, el libre albedrío, poseer propiedad, el derecho crear una familia, el trabajo bien remunerado y digno, el derecho a ejercer la religión de elección. La voluntad de un pueblo es la base de la autoridad del poder público; no al revés.

Está en nosotros, luchar para proteger esos derechos, o seguir colaborando ignorantemente contra nuestra propia auto-destrucción. ¿Tú qué eliges?

La mejor arma para la salud: Enamorarse de la vida

Uno de los anhelos más grandes de la humanidad, es contar con buena salud. Una buena salud significa tener energía abundante para poder vivir la vida a plenitud y sentir entusiasmo por nuestros proyectos de vida.

La verdad es que el cuerpo fue diseñado de forma perfecta. Dios hizo un trabajo sublime, de perfección inentendible para nuestro pobre y primitivo entendimiento. Pero la verdad siempre sale a la luz, y espero que todos nos demos cuenta que nuestro cuerpo se repara a sí mismo y lo único que tenemos que hacer es darle los “materiales correctos” para regenerarse, como decía el maravilloso doctor Frank Suárez.

Los materiales correctos son precisamente los alimentos. Pero para sentir entusiasmo y tener las ganas y determinación de comer las cosas correctas, se necesita en mi opinión, tener un amor profundo por la vida y el deseo de conocimiento de uno mismo.

Cuando sentimos apatía por la vida, cuando creemos que nuestro cuerpo es “ajeno” a nosotros y no entendemos lo que “pasa por dentro”, caemos víctimas de industrias mafiosas que se aprovechan de la ignorancia y la facilidad de manipulación de las personas para hacer sus negocios redondos. Persona sana= Cliente perdido. Persona enferma=Cliente de por vida. No necesito explicar más.

Tener entusiasmo por la vida, sentir que nuestro cuerpo es perfecto tal y como es, nos motiva a buscar opciones más acordes con nuestra naturaleza para poder mantenernos sanos y vigorosos. Si realmente amas tu cuerpo, vas a buscar incansablemente el alimento y los hábitos que lo hagan mantenerse de forma óptima. Vas consumir menos o eliminar totalmente comidas chatarra como los panes, cereales procesados, azúcares procesados, pastas, la coca-cola… y vas a optar por más proteínas sanas, magnesio, potasio y colesteroles sanos.

Cuando amas tu cuerpo vas a cuidarlo bien, y vas a evitar caer en excesos. Vas a procurar no sobre-estresarlo, ni excitar el sistema nervioso de tal manera que cause un estrés irremediable. 

Recuerda que no hay nada ni nadie por encima de tu salud. Ningún trabajo, ninguna persona, ninguna circunstancia tiene más peso o valor que la salud, que es la vida misma. Yo como madre de dos pequeños sé que es difícil darse prioridad, piensas que primero es la salud de tus hijos antes que tu propia salud, por ejemplo. Es verdad que amamos a nuestros hijos por sobre todas las cosas, pero si te descuidas, caes en enfermedad y una mamá enferma no va a dar el mismo desempeño y atención a sus hijos que una mamá sana, vital y tranquila.

La vida es movimiento, un cuerpo sano se mueve con energía. Una vida sedentaria, sin mucha actividad es muy parecido a la muerte. Cuando estás enamorado de la vida, quieres vivirla a plenitud, hacer muchas cosas, conocer las verdades del mundo, viajar, experimentar… la curiosidad no tiene límites.

Una de las capacidades más increíbles que tenemos los humanos es justamente la capacidad de convertir energía en vida, en movimiento. Cuando cumplimos nuestras metas, estamos materializando nuestro amor y entusiasmo por la vida, convirtiendo esa energía mental en algo tangible.

Por eso es tan importante mantenerse en un estado de alta vibración positiva lo más posible: El que vibra alto y positivamente construye una realidad acorde con esa energía- construyes tus sueños, logras tus metas, te sientes en paz y en armonía con el mundo.

Cuando piensas negativo, toda esa frecuencia pesada de la negatividad te hunde y te bloquea- la energía se bloquea, flota densa y entonces se materializa en problemas, falta de salud, falta de motivación, flojera, desgane.

Reflexionemos un poco. Enamorémonos de la vida.  El mundo no es una escuela fácil y está llena de trampas, de falsas ilusiones. Pero el amor es la mejor guía. El amor nos conduce a la verdad… y la verdad siempre triunfa.

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PAOLA KNECHT es una coach certificada en liderazgo, transformación y desarrollo personal,  autora de The Success Mindset: Take Back the Leadership of Your Mind y Un Mundo de Ilusiones. Puedes obtener más información en my-mindpower.com.

¿Somos Adictos a la Basura?

Hablamos de «cambio climático», de reducir el «CO2» (La gran mayoría ni siquiera entiende la magnitud de fraude que existe en esa frase ) y de otros temas fashion del momento para creernos conscientes del mundo sustentable. Pero no nos hagamos tontos, aunque nos guste hablar de ser «green», nuestros hábitos nos muestran otra cara a la realidad:

  • México es el mayor consumidor de Coca-Cola en el mundo, con un promedio de 163 litros por personaal año de acuerdo a estudios de la Universidad Autónoma de México. Si pensamos que una lata de 355ml tiene 37 gramos de azúcar u -8 cucharadas- imagínate cuanta azúcar consumes al tomar una lata diaria al año … ¡nada más y nada menos que 3,700 aterradoras cucharadas ! Una vez intoxicado el cuerpo con montañas de azúcar que tiene efectos adictivos peores que la cocaína…pensemos ¿a dónde irán a parar los galones de plástico y latas después de haber injerido el veneno?
  • Estados Unidos es el mayor consumidor de comida chatarra en el mundo- siendo para el 36% de los Estadounidences adultos parte diaria de su dieta. No nos extraña que también sea uno de los países con mayor obesidad y peor salud a nivel mundial.
  • Una persona promedio pasa más de 7 horas enfrente de una pantalla, ya sea tablet, televisión, laptop o teléfono móvil, de acuerdo a una publicación de Forbes. Preciado tiempo perdido, que pudo haber sido aprovechado haciendo ejercicio, conectando con la familia, haciendo algo con las manos o paseando en la naturaleza.
  • El 5% de la población mundial es adicta al shopping – es decir, adictos a comprar cosas innecesarias, que terminan en la basura o arrumbados en un cajón olvidado la mayor parte de la vida útil de ese producto.

Podría seguir citando 40,000 estadísticas más, y las tendencias son las mismas: Cada vez hay más personas que abusan de todo lo que es nocivo para la salud. Cada vez hay más personas atrapadas en algún tipo de vicio- redes sociales, pensamientos negativos, dinero, atención, poder, depresión, miedo, consumismo chatarra, alcoholismo, hedonismo… la lista es interminable.

El tema de adicción a la chatarra es tan profundo como los hoyos negros- no nos damos cuenta cuando entramos al “ojo del huracán” y una vez dentro, no vemos la manera de salir.

Todas estas trágicas estadísticas y hechos se prestan para hacernos algunas preguntas.

Por ejemplo: ¿Porqué nos empeñamos a desarrollar adicciones destructivas para nuestra salud, poniendo en riesgo el bienestar propio, de nuestro entorno y nuestras familias? ¿Realmente somos culpables directos de la adicción al consumo chatarra, o hay alguien o algo detrás de este trágico capítulo en la humanidad?

Si observo al mundo, con los ojos bien abiertos, despierto a una realidad espeluznante:

Todos somos co-creadores de este mundo basura. Los pseudo artistas e influencers que promueven marcas basura tienen más dinero que los escritores o filósofos. Los carteles médicos que venden fármacos y tratamientos con tóxicos cuestionables sin demostrar suficientes pruebas clínicas- y las grandes multinacionales de comida chatarra- ganan más dinero que los pequeños negocios que buscan sostenerse con alimentos orgánicos o productos naturistas. Lo sabemos, pero a pesar de ello, seguimos apoyando a la industria chatarra e ignorando a la naturaleza y a la verdad.

Los políticos y empresarios corruptos son alabados mientras que los honestos y los que se atreven a hablar con la verdad son silenciados y hasta segregados de la “sociedad”.

Este es el mundo de locos, o el famoso “reino del revés”- el progreso es retroceso, lo bueno es malo y lo malo es bueno…

La verdad es lo que te dicen los políticos, la televisión, los tecnócratas y millonarios- y todo lo demás es “des-información”.

La salud son las vacunas y las medicinas- la no salud es aceptar la propiedad auto-curativa del cuerpo y los medios naturales.

Ciencia es censura, hermetismo y una narrativa única; la pseudo-ciencia es el cuestionarse todo y hacer pruebas rigurosas para probar o rechazar teorías y siempre mantener el debate abierto.

Las mujeres pueden declararse hombres y los hombres mujeres, si así lo “deciden”. La biología ya no es la verdad irrefutable de la definición básica del sexo.

Los virus se vuelven pandemias cuando los medios, el cartel médico y los políticos lo deciden. Y también se acaban una vez cerrado el negocio para pasar a la próxima calamidad.

Definitivamente, en este mundo del revés, reina la basura.

La humanidad es adicta a la chatarra.

Por eso es que cada vez estamos más enfermos, más sumisos, más perdidos y más alejados de nuestra naturaleza real.

Pero… no todo está perdido. Tengo esperanza que esto va a cambiar. Cada vez más vamos a ir despertando de este sueño (o más bien pesadilla) y vamos a empezar a ver lo que realmente es sublime e incalculablemente valioso en la vida: El amor, la naturaleza y todo lo que de ella proviene de forma pura y perfecta; la inteligencia infinita que mantiene nuestro entorno, la familia, las tradiciones de los pueblos, las pequeñas comunidades, el trabajo duro y la búsqueda incesante de la verdad. 

La Fuerza de la Verdad

Lao Tzu dijo que no hay nada más flexible que el agua, y sin embargo ninguna fuerza en este mundo puede derrotarla. La verdad es así.

En este mundo nos hemos dedicado a mistificar la verdad. La hemos ignorado y después la hemos santificado y la hemos puesto en un pedestal, como algo que tenemos que buscar, alcanzar… el fin ideal. Basándonos en esa absurda idea, vivimos después en una mentira y la convertimos en ley, reglas, principios, moralidades y creencias. La verdad entonces permanece inalcanzable, misteriosa, divina y por lo tanto, no accesible a las masas comunes.

Al menos, así nos lo pintan nuestros gobiernos e instituciones desde hace siglos. 

Lo más trágico del asunto es que generaciones y generaciones de personas han vivido así, y se han muerto en búsqueda de la verdad, o pensando que vivían en la verdad de sus tiempos, impuestas por toda clase de gente que siempre se cree superior y busca el poder: Expertos, políticos, religiosos y demás “autoridades” (¿De qué diablos?)- pero eso sí… autoridades.

Generaciones van y vienen y muy poca gente se da cuenta que la verdad está en la punta de los dedos. La verdad es simple y en términos generales-el contacto directo y perceptual con la vida y el entorno- La verdad es tu corazón que late. El aire que respiras. Los brazos que te asisten. La calidez perfecta de tu cuerpo. Las personas a tu alrededor. Los árboles enfrente de tu ventana. Me dirás: Pues obvio, ¿Qué otra cosa puede ser? – y aún así, aún sabiendo lo obvio nos perdemos en el mar de las mentiras, de ideologías baratas que destruyen nuestra visión pura y simple de las cosas.

Por ejemplo, nos creemos la babosada que nuestros cuerpos no son capaces de auto-regenerarse así mismos y que necesitamos de sustancias químicas nocivas para “curarnos”.  Vamos y gastamos todo nuestro dinero en pastillas, recetas, y cualquier menjurje que nos recomienden.  Damos como atestado a la realidad cualquier historia por más ridícula que nos presenten en las noticias; el discurso y la politiquería. En la “realidad de hoy” los hombres pueden creerse mujeres y las mujeres hombres. Los niños pueden elegir su propio sexo según sus sentimientos.

La biología pura y simple ya no tiene lugar en este nuevo mundo, donde las realidades son maleables de acuerdo a las ideologías y las opresiones del momento.

Hasta la misma historia es borrada, negada y modificada al antojo para poder sustentar las mentiras de hoy. 

La crisis social que estamos viviendo en nuestros tiempos es básicamente fruto de la incapacidad de la gente en general de poder gobernar sus propias vidas. Nos han quitado la capacidad de pensar libremente y de poder llegar a nuestras propias conclusiones sobre las cosas, atacando la libertad de expresión y oprimiendo a la gente que piensa diferente al Status Quo.

Pero como dice el sabio Lao Tzu, la opresión y la mentira nunca alcanzan los resultados deseados. Al final del camino, la fuerza de la verdad- sutil, silenciosa, omnipresente- siempre reinará y siempre triunfará. Las civilizaciones que se pierden a sí mismas caerán, y la verdad seguirá ahí- con sus dulces bondades, su esplendor y belleza- lista para ser vivida a plenitud.

Busca tu propia verdad. La verdad del mundo y lo que es realmente universal, es la unión y la convivencia entre una infinidad de seres únicos e irrepetibles. Simplemente observa la naturaleza: Ninguna flor es exactamente igual a otra; ni siquiera un grano minúsculo de arena es igual a otro- por más semejantes que parezcan, sus estructuras biológicas están diseñadas para dar y mantener vida a esa particular expresión de vida.

Las raíces de un árbol de manzanas no pueden ser las mismas que las raíces de los árboles que dan limones. Tu verdad nunca será exactamente igual a la de otra persona. Y en eso reside tu belleza infinita y define tu lugar en el mundo. Presérvala por sobre todas las cosas!

“Aquellos que saben de los demás son inteligentes; Aquellos que se entienden a sí mismos son iluminados”- Lao Tzu

¿Estamos Perdiendo Nuestra Humanidad?

Cada día se me dificulta más ver las noticias, tener pláticas decentes con la gente. Parece que el menú de la semana siempre es el mismo: Pandemia, guerras, política e ideologías varias, élites mundiales que se juntan en lugares de lujo para hablar sobre “mejorar el planeta”, cambio climático, crisis energética, crisis económicas, en fin. Pan con lo mismo. Hace tiempo que dejé de ver televisión para evitarme la indigestión.

En realidad, me preocupa, que tantos millones de personas confíen en los noticieros como “el ministerio de la verdad”- e ignoren la verdadera realidad: La que se presenta ante nuestros ojos, si nos quitamos las gafas del dogma y dejamos de participar en el teatro en donde nos tratan como marionetas. En mi mundo, yo sólo veo gente que, como yo, prefieren la paz. Gente de buen corazón, que quiere ayudar a los demás. Me cuesta mucho trabajo creer que en realidad seamos una especie que le guste estar en conflicto y en el miedo constante, y que necesitemos de “gobiernos paternales” para mantener el orden y la paz. 

Algo en mí me hace pensar que nuestra situación en la actualidad no tiene que ver con que seamos conflictivos por naturaleza, ni que seamos los culpables absolutos de todas nuestras calamidades. Más bien creo que se trata de una crisis de identidad. Estamos perdiendo nuestra identidad real- la conexión más sagrada, que es el sentimiento de pertenencia con todo nuestro entorno; con los árboles que nos permiten respirar, con el sol que nos da energía para vivir, con la tierra que nos regala alimento y un hogar. Con el agua, ese misterioso líquido, el líquido de Dios- el verdadero elixir de vida. 

Nos estamos perdiendo en un mundo paralelo construido de materiales sintéticos- castillos de arena, mundos falsos, ideologías tenebrosas. Estar pegados a unas pantallas para sentir que “pertenecemos” al mundo se ha vuelto nuestro día a día. ¿Cuándo fue la última vez que te atreviste a salir de tu casa sin tu móvil? ¿Todavía sabes encontrar direcciones sin la ayuda del GPS? ¿Marcar a un amigo sin buscar su número en el teléfono o usar el WhatsApp? ¿Hacer amigos “a la antigua” sin usar Facebook, Instagram o Twitter?

¿Cuántas horas al día nos la pasamos en frente de pantallas? 

La tecnología puede ser muy útil en muchos sentidos, pero entre más pienso en ello, más siento que el uso indiscriminado que le estamos dando nos está aventando a un agujero negro, sin punto de retorno. Estamos cambiando nuestro estado psíquico, psicológico y fisiológico. Estamos regalando nuestra identidad a los dueños de la tecnología.

Sin la ayuda de nuestros aparatitos, nos sentimos más lentos, más impacientes, más ansiosos, más nerviosos. También creo que más tristes.

Yo crecí todavía en los últimos años gloriosos a finales de los 90’s, cuando tener una computadora era un lujo y ni se diga un celular. Todos mis amigos del alma, los conocí en la escuela o en la calle, sin móviles de por medio. Platicábamos por horas sobre nuestras vidas. Íbamos a fiestas y conocíamos a más amigos simplemente estableciendo contacto visual y sonriendo. Esa es la verdadera conexión humana- la mirada, la sonrisa. 

Ahora, no podemos ver sonrisas- sin antes someterse a vacunas o mandatos del gobierno. No podemos ver miradas- todas están atrapadas en los móviles. Ahora, cuando salgo a caminar, simplemente veo sobras. Las sobras de lo que fuimos.

Pero no pierdo la esperanza. Sé que no nos pueden dejar tanto tiempo atrapados, sin nuestra humanidad. Confío en que nuestros espíritus están comenzando una revolución, para manifestarse como debe ser. Tengo la Fe absoluta que, aunque estemos perdidos en este momento, vamos a retomar nuestro camino. Vamos a volver a abrazarnos, a confiar los unos a los otros. Sueño en ese día que nos quitemos las máscaras falsas de raza, ideología, clases divisorias de todo tipo, y simplemente nos reconozcamos como lo que somos: Uno, al unísono, uno con el mundo y con todas sus maravillas. Expresiones únicas del todo. La chispa de lo único, de lo hermoso y de lo divino lo encontramos en nuestra forma humana en dos lugares: Nuestra sonrisa y nuestra mirada.

Quítate ya la mascarilla. Apaga tu teléfono. Mírame, Mirémonos.

Hoy lo necesitamos más que nunca.

¿Cuál es el Sentido de Ganar o Perder?

Recuerdo muy bien aquellos veranos, esas tardes de tráfico densas en mi ciudad natal de Monterrey, cuando mi madre manejaba de regreso a casa y me llevaba en el asiento de a lado. Lo único bueno de estar varado en tráfico era escuchar música. No sé porqué, pero hace poco me llegó este recuerdo a la mente, como un susurro al oído. De pronto, me visualicé de nuevo de niña; sentada alado de mi madre, esperando que el semáforo cambie a verde para por fin poder avanzar, mientras escuchaba mi estación de radio favorita. De pronto, una voz ronca interrumpe la canción del momento “Pies Descalzos” de Shakira (Sí, el hit de los 90’s!) esa voz comienza a decir: “Son las seis de la tarde. Este es un momento de reflexión…. ¿Dé qué le sirve al hombre ganarse al mundo entero, si se pierde a sí mismo?… Padre Nuestro, que estás en los cielos…Santificado sea tu Nombre”… Fin del comunicado. Prosigue Shakira… “Perteneciste a una raza antigua, de pies descalzos y de sueños blancos….Fuiste polvo, polvo eres….”

En aquellos entonces, no le ponía mucha atención a este pequeño pero significativo incidente. Todos los días a las seis de la tarde, todos los radios de Monterrey paraban la transmisión para darnos esa reflexión: ¿De qué le sirve al hombre ganarse al mundo entero, si se pierde a sí mismo?

Me pregunto cuánta gente realmente se ponía a reflexionar sobre ello. 

Después de todo, la mayoría de nosotros vivimos para “ganarnos el pan”. 

Muchos años después, es que he llegado a realmente pensar sobre el significado de esa frase. Viene de la Biblia, del pasaje de San Mateo 16:26-27 que dice: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?”

A mi me parece que a estas alturas, en pleno siglo XXI, sabemos la repercusión de haber “ganado al mundo”. Nos creemos ganadores y merecedores de un mundo al que realmente, no conocemos. Hemos construido un mundo artificial sobre el verdadero, y hemos explotado al verdadero, para seguir construyendo nuestros castillos de arena (¿O más bien, de plástico?)

Pero, ¿Qué es lo que hemos ganado?

Aparentemente, hemos ganado más “Progreso”. Hemos avanzado en tecnología, en la ciencia y medicina; en el transporte; en la educación y en más confort. Para lograrlo, hemos tenido que explotar y desgastar nuestros verdaderos recursos naturales; los únicos que realmente nos proporcionan la verdadera vida: taladramos árboles indiscriminadamente y destruimos nuestros bosques para producir cosas secundarias como muebles, utensilios, o cosas industriales. ¿De qué te sirve tener una estúpida mesa nueva si no tienes oxígeno para respirar? (…) ¿Porqué contaminamos nuestras aguas con químicos industriales y desechos tóxicos? La misma agua que viaja por los subsuelos acuáticos, por el mar, los ríos… eventualmente termina en el aire que respiramos y en el agua que tomamos.

Vivimos en un mundo en donde si el hombre percibe que “gana”, la naturaleza pierde.

No hemos logrado conseguir un equilibrio óptimo, esta utopía de ganar- ganar. En este juego de la vida, los humanos nos hemos empeñado a querer conquistar la naturaleza y ser los ganadores del cuento; sin darnos cuenta que nuestra victoria, de seguirse llevando acabo como ahora, es la semilla de nuestra propia destrucción. 

Ahora entiendo mejor esa famosa frase de San Mateo, que todos los días las estaciones de radio de Monterrey nos hacían recordar. ¿De qué nos sirve ganar, si en realidad ganar, es perderlo todo? Perderse a uno mismo, es perderlo todo. Perder la propia identidad es un asesinato a la luz del día. 

¿Qué es lo que queremos ganar del mundo? ¿Sus recursos?, ¿La gente?, ¿El poder ?, ¿Qué es exactamente lo que ganamos si intentamos dominar a este mundo? 

Lo único que ganamos, es nuestra garantía de aniquilación. Atentar contra el mundo, contra nuestra naturaleza, contra otros seres, y contra otros humanos, es simplemente atentar contra uno mismo. Porque no vivimos en entidades separadas, ni somos seres auto- suficientes. Necesitamos que nuestro entorno, nuestro mundo, esté en armonía para sobrevivir. Un minúsculo cambio en el fino balance de nuestros procesos bioquímicos y fisiológicos, que cause un desequilibrio en nuestro sistema inmunológico, endócrino y en la producción óptima de células regenerativas y terminamos moribundos en el hospital.

Por eso la pregunta: ¿Ganar o Perder? Carece de todo sentido. No hay ganadores ni perdedores. O respetamos a las leyes de la naturaleza, y buscamos por fin la reunificación humana con los valores universales del amor, la tolerancia y el libre albedrío junto con nuestros compañeros de viaje (todos los seres vivos)…o nos vamos todos al fango.

Y como dice la famosa ley Newtoniana: “Todo lo que sube, también baja”.

Si realmente queremos ganar, tenemos que dejar de competir. Tenemos que abandonar la mentalidad de “ganar” y adoptar una nueva forma de ver a la vida: Ver la Interconexión, los múltiples procesos de vida que dependen uno del otro; vernos interdependientes y como parte del todo; cuidando celosamente nuestro hermoso hogar.

Seguir ignorando este hecho, es mentirse a uno mismo. 

 Y como dice Gandhi: “Siempre es mejor perder con la verdad, que ganar con la mentira”.

El Verdadero Precio de lo Barato

Satyagraha: La fuerza de la verdad. Es la palabra usada por Ghandi para describir la acción de la no-cooperación y la no-participación en sistemas, leyes, paradigmas y políticas que destruyen nuestro planeta, nos roban de nuestra humanidad y nos privan de nuestra libertad.

Vivimos en el mundo de la adicción al consumismo barato. La gente es adicta a consumir lo barato y lo chatarra: Comida chatarra, ropa chatarra, servicios y redes de comunicación chatarras.

Cuando compramos una blusa en la app de Wish a 5 dólares y te la mandan desde China, pensamos que hemos hecho una “ganga” y que somos muy listos. O cuando compramos manzanas importadas a un precio tres veces menor que las locales, creemos que estamos haciéndole un favor a nuestra economía al guardarnos “un dinerito”.

¿Qué es lo que hace que una blusa, o que una taza de plástico con brillitos, salga tan barata?, ¿Será que – como nos dicen las corporaciones- se pueden hacer economías de escala, de alta eficiencia que sean “sustentables”?

¿Cuál es el verdadero precio de una blusa de Zara?,¿Los 29 euros que vienen en la etiqueta?, ¿Qué pasaría si le agregáramos el precio de las muertes de los campesinos intoxicados, y la destrucción de microorganismos al tratar con algodón transgénico Bt?,¿De los niños que nacieron con malformaciones al estar expuestos a tierras y aguas infestadas de químicos?; ¿De las muertes y enfermedades de las mujeres por trabajar horas excesivas en condiciones inhumanas en las maquiladoras de Bangladesh?

¿Los miles de toneladas de químicos que desechan las industrias textiles en los arroyos locales de los países más vulnerables?; ¿De los gases tóxicos que se desprenden de las manufactureras al producir en masas?; ¿Los gases emisores en la transportación?, ¿Las enfermedades causadas por estrés de todos los trabajadores que explotan en las cadenas de suministro?

Según la doctora Vandana Shiva, se estima que el verdadero costo ambiental y humano del uso de químicos en la agricultura en India es de 1.3 billones de dólares anualmente.

Nos han vendido a la globalización como la “panacea” para resolver nuestro suministro a nivel global. Nos venden la ilusión de “unidad” en comercio y “prosperidad” con organizaciones globales para cumplir todos nuestros caprichos; cuando en realidad, lo único que ha ocurrido, es un incremento desmedido en la brecha desigualdad económica: cada día hay más pobres; cada día se destruye más la clase media; y cada día se va cerrando la “vasta riqueza” quedando en manos de unos pocos billonarios, que se creen dueños y señores del mundo.

No podemos pasar desapercibida la nueva tendencia en agricultura: Las grandes agroquímicas se están aliando con el “Big tech” para “digitalizar” los bancos de datos de los métodos de agricultura con el fin de patentar ese conocimiento y vendérselos a los campesinos en modo de “Apps”- O sea, primero pretenden robarse la información, digitalizarla y después patentarla para despojar a los campesinos de lo poco que les queda: El conocimiento heredado de la tierra y de nuestros ancestros sobre cómo hacer agricultura y del manejo de las semillas.

Es una pena, que como humanidad estemos demasiado ocupados en nosotros mismos, que vivamos en el conformismo por flojera o miedo, que seamos tan ciegos ante la catástrofe que se nos viene encima si no practicamos Satyagraha: no cooperación, resistencia civil no violenta. Despertar. Ghandi lo predicó hace más de 100 años contra el imperio Británico. Es nuestra oportunidad de aplicarlo contra el imperio globalista de unos pocos.

Todos hablamos del cambio climático; criticamos a políticos, activistas, empresas y demás- pero al final terminamos siguiendo los mismos patrones de consumo: Seguimos comprando en Amazon, en Walmart, en Zara por “conveniencia” y nos olvidamos de apoyar el comercio local que está al borde del colapso en la mayoría de los países después de la “crisis sanitaria” del Covid.

Ojalá que nos demos cuenta pronto, que, al intentar acumular un mundo de chatarras, estamos destruyendo nuestra verdadera riqueza: Nuestros árboles, nuestros mares, nuestros bosques, nuestras culturas, nuestros comercios locales y de paso destruyendo el hábitat de otras millones de especies que co-habitan con nosotros.

También estamos perdiendo nuestra libertad; nuestro estado natural de autopoiesis (i.e. nuestra capacidad de ser auto-creadores, auto-suficientes de nosotros mismos y del entorno).

Nos venden la idea que no podemos vivir sin las semillas transgénicas, sin el agua azucarada de Coca-Cola, sin las comidas procesadas en cajas de Nestlé; que la tierra no puede generar y crecer sus propias plantas sin químicos; que no somos capaces de ser creativos ni autosuficientes.

Este es el mejor momento para cambiar. Para unirnos, para salvar nuestra tierra y preservar nuestra especie.

“El poder de la violencia y la destrucción, viene de la separación”- Vandana Shiva

¿Vale la Pena Pagar el Precio de Ser Coherente?

Hoy quiero compartir una pequeña reflexión sobre una palabra que no escuchamos muy a menudo últimamente, pero que es muy poderosa cuando nos decidimos a aplicarla en nuestra vida: La coherencia.

Tener coherencia en la vida, conlleva al acto de pensar, sentir, hablar y hacer lo que nos dicta nuestra guía interior, nuestro corazón. Es dejar al compás interno direccionarnos en cada una de nuestras acciones. Es el ser honestos con nosotros mismos y con los demás en nuestras intenciones.

Es muy fácil darse cuenta cuando no estás siendo coherente en tu vida: Las cosas no fluyen, los problemas parecen salir tan pronto levantas una piedra, como si fueran una plaga de cucarachas; las enfermedades aparecen, y tienes la impresión de que tan pronto sales de un hoyo, te estás metiendo en otro. Te sientes frustrado, cansado y de mal humor más días de la semana de lo que quisieras admitir.

Si nos va tan mal con la incoherencia, ¿Porqué a tantas personas les cuesta más ser coherentes con su vida que no serlo?

Muy fácil, porque no les gusta pagar el precio de ser coherentes.

Ser coherente tiene su precio, y es caro.

Es el armarte de coraje y hacer lo que realmente quieres hacer, sin tener garantías de éxito.

Es ser congruente con tus valores más intrínsecos y no dejarse arrastrar por las expectativas o presiones de otros.

Es trabajar incesablemente en lo que amas, es tener paciencia, hacer sacrificios y enfrentar los rechazos y fracasos que aparezcan en el camino.

Es aceptar y asumir la responsabilidad de los errores y fracasos, en lugar de tratar de esconderlos o culpar a otros.

Es muy fácil hablar y prometer cosas; lo difícil es cumplirlas. Tristemente la persona con la que menos nos comprometemos, es con nosotros mismos.

Con otras personas con las que sentimos una obligación podemos cumplir nuestras promesas, pero nos parece fácil engañarnos a nosotros mismos y sabotearnos sin ninguna consideración.

Yo lo he vivido. Sé lo que es el autoengaño. Pagas un precio barato a corto plazo, pero a largo plazo termina saliendo bastante más caro de lo que pensamos.

Autoengañarse es querer comerse el pastel de chocolate en plena dieta porque piensas que “mañana empiezas de nuevo”.

Es intercambiar una hora de estudio y escritura por ver una serie de Netflix porque “te mereces un descanso”.

Es trabajar en algo que no te gusta porque tienes un salario “seguro” en lugar de armarte de valor y emprender algo por tu cuenta o buscar trabajar en algo que realmente te gusta.

Son las mil y una excusas que nos ponemos para no vivir la vida que realmente merecemos.

No tiene nada de malo recompensarse de vez en cuando; no estoy en contra de los pasteles de chocolate, ni de las series de Netflix. De hecho, me encantan ambas cosas. El mensaje es más bien reflexionar hasta qué punto un placer del momento nos aleja o acerca de los objetivos que queremos alcanzar. Por ejemplo, comerse un trozo de pastel de chocolate una vez por semana, no tiene nada de malo e incluso puede ser una recompensa inspiradora por toda una semana de estar en régimen estricto de dieta. O si haz trabajado más de 8 horas al día durante la semana y un sábado por la tarde prefieres pasarlo viendo películas de Netflix, ¿Porqué no?

El punto es que las «recompensas» sirvan de catapulta para regresar hacia las acciones que nos llevan a ser coherentes con nuestros objetivos.

Yo he aprendido con el tiempo que prefiero pagar el precio de la coherencia, y disfrutar el proceso de lo difícil pero valioso, a estar regateando con la vida por lo fácil.

El precio de lo fácil es barato. Por eso a tanta gente le gusta lo barato, porque no hay que esforzarse mucho para obtenerlo. La incoherencia es fácil, y por lo tanto barata; y lo que obtienes a cambio obviamente es lo equivalente a lo que pagaste.

¿Porqué es fácil ser incoherente?

Porque así siempre puedes cambiar tu forma de pensar y actuar de manera en la que te beneficies de una situación o una persona.

La incoherencia es barata porque no requiere compromiso, ni sacrificio; no se necesita mucha inversión y se obtienen recompensas rápidas. Son los placeres instantáneos los que rigen a los incoherentes. Son las ganas de obtener toda la recompensa en el presente, sin trabajar para construir algo sólido en el futuro.

En lo personal, después de experimentar con los dos mundos, prefiero la coherencia, y pago con gusto su precio. A largo plazo, tiene su recompensa: Las cosas fluyen, todo se sincroniza en tu vida, recibes más de lo que pides, y pareciera que la vida te bendice entre más coherente actúas.

Cuando llevas una vida coherente, no existen realmente los problemas como tal porque la persona que tiene una coherencia sólida sabe qué hacer en cada situación. No hay dudas, sólo certezas. Eso no significa que no haya dificultades; esas siempre aparecerán, pero tu actitud y tu certeza en la acción te darán un poder personal que sólo es posible acceder cuando estas en sincronía total con el entorno, con la divinidad.

El amor se demuestra con hechos, y ser coherente contigo mismo es uno de los actos más grandes de amor que te puedes dar.

“La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, dice y hace están en armonía”-  Mathama Ghandi

Find Your Own Truth

I am not a believer of mainstream truths.

Of course, with the exception of the irrefutable laws of nature, which, are not human made; and most likely are wrongly interpreted by us.

I don’t believe in universal remedies. I don’t believe that we can standardize human affairs. Specially in business, this seems like it’s been an obsession for many decades.

We have overall what I call institutional “vectors”; different areas of our society where there has been an establishment of institutions and organizations whose aim is purely to get control over our human activities and dictate the “best practice” in every single aspect of life: Health, Education, Security, Food, Economy… you name it.

Those “institutions” bombard us with their army of information and best practices; I think most people have started to believe that without them, we wouldn’t exist as a civilization.

I have been wondering, when has been the last time that I have had a thought completely by myself- without the interferences of all these noisy channels, institutions, people?

The field of metaphysics combined with neuroscience has arrived to an agreement to the fact that our “reality” is just a perception, an image in 3D produced by the brain. The famous philosopher Arthur Schopenhauer concluded that those images that we see as the outside world, are the projection of our thoughts (private and collective) about how we see the world.

In that regard, it is not crazy to think that two people see two very unique and different worlds from their own perspective. Maybe they will agree on some elements of the collective thought- perception: For example, that there is a tree outside a window, that the car is red, and from the day always follows the night. But perhaps there are other elements of reality that are completely different.

I think it is fascinating to discover, that there are more than 7 billion of ways about how to look at the world. At the same time, it is quite frightening. If each individual is living his own personal reality, how can we collaborate with each other so that we can share an harmonious reality while respecting each other’s unique world perspective? Is that even possible? I guess that is exactly the attempt of all those “institutions”- to provide us a collective reality that must be widely accepted-instead of promoting the world of free thought and action.

I believe that we could never have a full understanding of the world and even less about ourselves, when we are constantly looking at what others think- including the mainstream truth sold by all the existing media and social channels.

The only way to find truth, as cliché as it still might sound, is to look inside, and to listen carefully to your body. Your truth is the only truth that can ever exist. As Schopenhauer rightly says:

“Fundamentally, it is only our own basic thoughts that possess truth and life, for only these we understand through and through. The thoughts of another that we have read are crumbs from another’s table, the cast-off clothes of an unfamiliar guest”.

That’s why our nature is mainly in a restless state. We cannot be simply satisfied by sitting around and being content about purely existing. Our mind capacities oblige us to think that there must be something else out there other than existing for the purely form of being.

We have been trying to find this truth by observing the world; by developing a sense of awareness and understanding.

It is well known that when you believe in something, that becomes a reality for you. What we call the law of attraction is nothing more than a manifestation of the true operations of the thought. As James Allen beautifully describes it:

“Of all the beautiful truths pertaining to the soul which have been restored and brought to light in this age, none is more gladdening or fruitful of divine promise and confidence than this— that man is the master of thought, the molder of character, and the maker and shaper of condition, environment, and destiny”.

 Of course, the inevitable question we now face is how to identify when a thought is purely our own, or when it is being influenced by external forces?

I would dare to say, that most of the thoughts that are coming to us during the day are the result of the information coming from a collective cloud- all the information you get from the media, the values and traditions that were taught to you from your family; the books you read, the people you interact with. All of them are forces that are shaping consciously or unconsciously your thoughts.

The only way to find the truth coming from your inner self is by allowing silence into your life. Permit to have some time for yourself, where you can stay in silence and not be disturbed with noises.

Meditation is a good way to have access to your own thoughts. Also having a walk alone in the nature, with no other disturbance but the sounds of the natural life.

Another way is simply to sit still and let your mind wander away. There will be a point in time that everything will come still. The truth will come by itself, like a birthright.

If we have an aim in life, I think that finding our own truth must be it. Otherwise, why to bother to be alive at all?

You are the only responsible to find out who you really are. It is no one else´s responsibility and no one else can do it for you.

Do not give your right away!

“Man is always the master, even in his weakest and most abandoned state; but in his weakness and degradation he is foolish master who misgoverns his household. When he begins to reflect upon his condition and search diligently for the Law upon which his being is established, he then becomes the wise master, directing his energies with intelligence, and fashioning his thoughts to fruitful issues. Such is the conscious master, and man can only thus become by discovering within himself the laws of thought; which discovery is totally a matter of application, self- analysis and experience.”- James Allen

My Last Day on Earth

Today I woke up as usual.

After the morning rituals of washing my face and cleaning my teeth, I kept gazing at the window. It’s a new year. Another fresh morning. The snow was falling from the branch of a nearby tree. I kept gazing outside, at the whole spectacle; the sunrise appearing at 08:15hrs… hovering the sky with the wonderful pink and yellow colors, penetrating the clouds which split the greyish dusk with the morning lights.

Suddenly a thought came to me, as I was about to start my day.

What if today would be my last day in this world?

What if death is waiting for me on the other side of the sky, at sunset?

I confess, it’s a scary thought. More often than not, I prefer to avoid the topic of death in my mind and try to live as if I would be around forever. I like to plan my days, weeks, years ahead. I love the “to do” lists and the certainty of a long future.

But what if for once, I decide to face the fact that I will die, to value much more what I have today, instead of losing all my present time planning a tomorrow that I’m not sure it will come?

Steve Jobs, founder of Apple, confessed to have made himself the following question every morning for 33 years: “If today were the last day of my life, would I want to do what I am about to do today? And when the answer has been No, for too many days in a row, I know I need to change something”.

January is normally the time of the year that I start to make resolutions for the year ahead. I use to plan meticulously all the goals I want to achieve. I put milestones and deadlines to each of my resolutions. I still believe this is valuable when you have a clear vision of what you want to achieve and those actions are followed truly by your heart. But how many of those valuable actions we really end up doing?

How many times we procrastinate what we really want to do, in favor of following someone else’s desires and benefits?

How much time you have lost in doing tedious and irrelevant things during the day… day after day, waiting for a “free time” when you will finally allow yourself to go on with living?

When faced with the truth of death… everything except Love, becomes irrelevant.

If this would be my last day on Earth… I would go straight away to kiss and hug my loved ones, telling them how much I love them. I would value every single minute of what is left of my life to enjoy them to the fullest. Hold them so tight it hurts.Forget all the nonsense egoistical thoughts and stupid misunderstandings.

I would go out to the free air, run through the forest… hug every single tree and say thousand times thank you, thank you… you have given me so much. I barely paid attention to you during my life except for this very moment.

I would run around and play in the snow, like a little child. Laugh all I can, with all my strength. Travel as far as I can to see the sunset at the sea.

I would disobey orders. I would wear off the ridiculous mask. I would hug everybody. I would render honor to our Creator, which I believe, made us perfect and divine. I would only live with the pure consciousness of following my heart and my values. I would not be afraid anymore. If the fear of death was the thing that hold me back from being who I am, what the heck does it matter now, that I’m about to die?

What a liberating feeling, to live as if you are about to die.

If I am going to die tonight, I don´t want to be locked down at a cave physical or mental, just waiting for my death to arrive. I want to be free!

“I would rather be ashes than dust! I would rather that my spark burn out in a brilliant blaze than it be stifled by dry rot. I would rather be a superb meteor, every atom of me in magnificent glow, than a sleepy and permanent planet”- Jack London

I wish that you live everyday of this 2021, as if it would be your last!