¿Somos Realmente Libres?

La virtud más grande que se le ha otorgado a la humanidad, es el libre albedrío. La libertad de elegir un camino de vida el cual vaya de acuerdo a tus propios valores, creencias y pensamientos.

El libre albedrío es un tema que debatimos desde siempre; los filósofos de todas las épocas nos hablaban del determinismo, como una corriente ideológica que atribuye toda consecuencia a una causa; y por lo tanto todo lo que pasa en nuestra vida hoy es consecuencia de las acciones, pensamientos y comportamientos del pasado.

La verdadera cuestión es ¿Hasta qué punto el ser humano puede elegir libremente? ¿Cómo saber si la libertad de elección está restringida al momento de nacer, sin siquiera darnos cuenta de ello durante el transcurso de nuestras vidas?

Como una persona soberana, yo he asumido que soy libre porque he tomado mis propias decisiones en base a mi intuición y razonamiento. Pero aún así, creo que dentro de mi consciencia había algo que me limitaba- como un techo de cristal invisible- no sabía si impuesto por otros o por mí misma. Una prisión mental llena de creencias y visiones de vida basadas en el miedo a fracasar y el miedo a morir.

El techo de cristal nos impide saltar de la barrera donde la consciencia cómodamente se ha ajustado. Con tal de no salir de la molicie, tomamos decisiones «comodinas»- Trabajar en algo que no nos gusta pero nos hace ganar algo de dinero, suficiente para conservar el nivel comodín. Aceptar situaciones mediocres o evitar conflicto con tal de no esforzarse demasiado; estos son ejemplos clásicos con los que la gente común se conforma a vivir. Acostumbrarse a la siniestra rutina de trabajo; lamentándonos cada lunes y alegrándonos cada viernes, en un ciclo que parece nunca terminar; la dorada jubilación se ve cada vez más lejana; los gobiernos europeos están subiendo progresivamente la edad del retiro para alcanzar hasta los 67 años para el 2031.

Algunas personas siendo conscientes de ello, no se atreven a cambiar su realidad.¿Porqué decidimos quedarnos en nuestra situación cómoda, aunque no sea la ideal, y no explorar el verdadero libre albedrío? Hasta parece que muy pocos humanos son realmente capaces de hacerlo, ¿Diseño o manipulación? 

Conforme van pasando los años, me doy cuenta que no sólo no vivo en completa libertad, como era lo prometido, si no que todo el asunto se va asemejando más y más a una cárcel; claro, una cárcel disfrazada de “sociedad” o “bien común”, pero que a los únicos que beneficia son a los gobiernos, agencias y a los “demasiado grandes para fallar”, ya saben a quiénes me refiero.

Resulta que en un mundo en el que alguna vez pensé que las opciones eran ilimitadas, no lo son. Ir a la escuela no fue algo que yo deseaba, fue impuesto. Elegir una carrera y trabajar fue más una presión y manipulación social que un deseo innato. La carrera profesional ni siquiera se trata de realizarte en un oficio como resultado de una actividad humana que le da trascendencia al corazón, si no que se trata de aprender un currículum estandarizado para ser capaz de trabajar en las industrias dictadas como las “Económicamente viables”.

Hay pequeños lapsos en mi vida diaria, en donde contemplo la esencia de la libertad- cuando veo el cielo estrellado con cientos de miles de estrellas adornándolo en el firmamento. Cuando me maravillo ante el vasto y hermoso mar, lleno de fuerza y misterio; cuando veo la mirada de inocente de los niños, donde todavía vive la esencia de Dios. Cuando veo al glorioso sol cada mañana aparecer desde el horizonte- esos milagros diarios que hemos aprendido a ignorar, pero están ahí como testigos que la vida es mucho más que trabajar y comprar cosas.

No sé qué fuerzas nos encarcelaron en esta prisión mental de estudio-trabajo-consumo-morir en el que la mayoría de las sociedades actuales están metidas- lo que sí sé es que el elevar la consciencia hasta el punto de ver la prisión, me da un sentimiento de mucha esperanza. Si se puede ver la prisión, también se puede ver la salida- el mundo allá afuera- esperando nuestro regreso.

Pensar nos hace libres. El pensamiento es instrumento; la llave es la intuición y el acceso directo es CREER EN EL PLAN DIOS.

La Fuerza de la Verdad

Lao Tzu dijo que no hay nada más flexible que el agua, y sin embargo ninguna fuerza en este mundo puede derrotarla. La verdad es así.

En este mundo nos hemos dedicado a mistificar la verdad. La hemos ignorado y después la hemos santificado y la hemos puesto en un pedestal, como algo que tenemos que buscar, alcanzar… el fin ideal. Basándonos en esa absurda idea, vivimos después en una mentira y la convertimos en ley, reglas, principios, moralidades y creencias. La verdad entonces permanece inalcanzable, misteriosa, divina y por lo tanto, no accesible a las masas comunes.

Al menos, así nos lo pintan nuestros gobiernos e instituciones desde hace siglos. 

Lo más trágico del asunto es que generaciones y generaciones de personas han vivido así, y se han muerto en búsqueda de la verdad, o pensando que vivían en la verdad de sus tiempos, impuestas por toda clase de gente que siempre se cree superior y busca el poder: Expertos, políticos, religiosos y demás “autoridades” (¿De qué diablos?)- pero eso sí… autoridades.

Generaciones van y vienen y muy poca gente se da cuenta que la verdad está en la punta de los dedos. La verdad es simple y en términos generales-el contacto directo y perceptual con la vida y el entorno- La verdad es tu corazón que late. El aire que respiras. Los brazos que te asisten. La calidez perfecta de tu cuerpo. Las personas a tu alrededor. Los árboles enfrente de tu ventana. Me dirás: Pues obvio, ¿Qué otra cosa puede ser? – y aún así, aún sabiendo lo obvio nos perdemos en el mar de las mentiras, de ideologías baratas que destruyen nuestra visión pura y simple de las cosas.

Por ejemplo, nos creemos la babosada que nuestros cuerpos no son capaces de auto-regenerarse así mismos y que necesitamos de sustancias químicas nocivas para “curarnos”.  Vamos y gastamos todo nuestro dinero en pastillas, recetas, y cualquier menjurje que nos recomienden.  Damos como atestado a la realidad cualquier historia por más ridícula que nos presenten en las noticias; el discurso y la politiquería. En la “realidad de hoy” los hombres pueden creerse mujeres y las mujeres hombres. Los niños pueden elegir su propio sexo según sus sentimientos.

La biología pura y simple ya no tiene lugar en este nuevo mundo, donde las realidades son maleables de acuerdo a las ideologías y las opresiones del momento.

Hasta la misma historia es borrada, negada y modificada al antojo para poder sustentar las mentiras de hoy. 

La crisis social que estamos viviendo en nuestros tiempos es básicamente fruto de la incapacidad de la gente en general de poder gobernar sus propias vidas. Nos han quitado la capacidad de pensar libremente y de poder llegar a nuestras propias conclusiones sobre las cosas, atacando la libertad de expresión y oprimiendo a la gente que piensa diferente al Status Quo.

Pero como dice el sabio Lao Tzu, la opresión y la mentira nunca alcanzan los resultados deseados. Al final del camino, la fuerza de la verdad- sutil, silenciosa, omnipresente- siempre reinará y siempre triunfará. Las civilizaciones que se pierden a sí mismas caerán, y la verdad seguirá ahí- con sus dulces bondades, su esplendor y belleza- lista para ser vivida a plenitud.

Busca tu propia verdad. La verdad del mundo y lo que es realmente universal, es la unión y la convivencia entre una infinidad de seres únicos e irrepetibles. Simplemente observa la naturaleza: Ninguna flor es exactamente igual a otra; ni siquiera un grano minúsculo de arena es igual a otro- por más semejantes que parezcan, sus estructuras biológicas están diseñadas para dar y mantener vida a esa particular expresión de vida.

Las raíces de un árbol de manzanas no pueden ser las mismas que las raíces de los árboles que dan limones. Tu verdad nunca será exactamente igual a la de otra persona. Y en eso reside tu belleza infinita y define tu lugar en el mundo. Presérvala por sobre todas las cosas!

Aquellos que saben de los demás son inteligentes; Aquellos que se entienden a sí mismos son iluminados”- Lao Tzu

Somewhere I have never travelled…

Today is one of those days, where I felt the ground was not solid. It feels like if I am walking on the clouds, and all I can see is the fog, not going away, but densely descending.

Then, as if a sort of a calling came to me, I went to my closet and found my old diary, dating back from 2002. I opened a page, curious to glance about what I was writing at that time… and then I saw it.

This poem had the most profound effect on me. I never tried to understand what was behind such its irregularly perfect prose. I simply connected, like if it had its own wave frequency and I tuned it and simply moved along.

To remember is to live again, and it certainly brought me back:

Somewhere I have never travelled,

gladly beyond any experience,

your eyes have their silence:

In your most fragile texture are things which enclose me,

or which I cannot touch,

because they are too near.

Your slightest look easily will unclose me.

Though I have closed myself as fingers,

you open petal by petal myself as spring opens

(touching, skilfully, mysteriously) her first rose.

Or if you wish be to close me, I and my life will

shut very beautifully suddenly,

as when the heart of this flower imagines,

the snow carefully everywhere descending.

Nothing which we are to perceive in this world equals,

the power of your intense fragility: whose texture

compels me with the colors of its countries

rendering death and forever with each breathing.

(I do not know what is it about you that closes and opens; only

something in me understands the voice of your eyes

is deeper than all roses) Nobody,

not even the rain, has such small hands.

E.E Cummings

Reflexiones del Presente

Hay cosas que parecen ser irremediables en el comportamiento humano; una de esas esas cosas es nuestra incapacidad de disfrutar el presente. 

Siento que una fuerza misteriosa se ha apoderado de nosotros. Y esa fuerza nos ha privado de lo que realmente se llama vivir. Vivir es estar aquí, deleitarme por cada palabra que escribo, por cada respiro que doy, por cada latido de mi corazón. Y de alguna manera, entramos en un trance extraño en el que le ponemos más prioridad a hacer demasiadas cosas, pero sin “tocarlas”; como si fuera más importante la acción en sí que la experiencia misma de la acción. Creemos que hacer muchas cosas es ser “eficientes” y que estamos avanzando hacia algún lado. Pero, ¿A dónde realmente estamos avanzando?

Si nos ponemos un objetivo a futuro y vivimos con la promesa del cumplimiento de ese objetivo, borramos por completo la importancia del presente. Me recuerda a esas veces de niña que, hacía mis cartas a Santa Claus, pidiéndole mis juguetes deseados, y después tenía que esperar insaciablemente por que sea la noche de navidad cuando por fin pueda recibir mis regalos. Y aunque me entusiasmaba mucho con todos los preparativos: ya sabes, comprar y adornar el pino de navidad, adornar con luces el exterior de la casa; cantar villancicos en la escuela y celebrar las posadas; dentro de mí vivía en el futuro, en la espera de la noche de navidad; en el instante en el que por fin culmina el “esfuerzo de la espera”- cuando eres niño, la paciencia no es una de tus cualidades, seamos sinceros.

Cuando la noche anhelada llega, ni siquiera disfrutaba la cena; para mí era simplemente retardar lo inevitable: El momento que den las 12 de la madrugada, y Santa Claus cumpla con su promesa de dejar debajo del pino los regalos prometidos. Cuando todo esto culmina, cuando por fin veo los hermosos empaques de colores adornados con cintas verdes y rojas, simplemente me lanzaba sobre ellos, sin poner atención alguna a la envoltura: Desgarraba el papel lo más rápido posible, para por fin poder tocar a mis juguetes anhelados: Esa Barbie que tanto soñé con tener y tantas veces vi anunciada en la televisión; ese set de casas nuevas de Polly Pocket por las que toda niña en los noventas deliraba: ¡Por fin en mi posesión! Juego con mis cosas nuevas los siguientes días, me absorbo en ellas… y después, con el paso del tiempo, quedan en el olvido. Enero llega, y con él, una nueva promesa de nuevos juguetes… 12 meses más que esperar. Y a repetir todo de nuevo. 

Es como el perro que se pasa toda su vida dando vueltas en círculos correteando su propia cola. Cuando creces ya no son juguetes lo que anhelas… si no relaciones, coches, ropa, más diplomas, más dinero, más reconocimiento… las formas cambian, pero el deseo es el mismo: Queremos alcanzar algo… el “goodie bag” que nos llene de plenitud para siempre… pero nunca llega; porque cuando alcanzamos lo anhelado dura sólo unos minutos. El elixir de la gloria nos embriaga tan solo unos breves instantes y después desaparece… como si nunca hubiese existido. ¿Porqué?, ¿Qué es entonces eso que perseguimos celosamente y nunca alcanzamos?

Mi vida aún es relativamente corta, pero siento como si hubiese estado aquí ya una eternidad; siento que lo que estoy tratando de alcanzar es un cierto tipo de hogar. Esa sensación de “estar en casa” conmigo misma. Lo paradójico de perseguir cosas en la carrera del día a día es que entre más cosas hago, y más me preocupe por alcanzar algo, más alejada me siento de esa sensación de “hogar”.

Cuando estoy en el trabajo y quiero ser productiva, y me va bien en ello, tengo una sensación temporal de bienestar. Porque no pasa un breve tiempo cuando otra nueva responsabilidad llega a tu mesa y tienes que volver a empezar; parece que los problemas y las cosas que hacer se perpetúan por sí mismas en un cuento de nunca acabar. Lo mismo con los deberes familiares, sociales y de más.

Tan acostumbrados estamos de militarizar nuestra existencia con horarios y cosas por hacer, que el acto de sentarse a comer o simplemente sentarse y estar quieto se considera como algo “improductivo”. Hasta en las vacaciones he visto gente, sentada frente al mar, pero con sus ojos pegados a los teléfonos móviles, checando Instagram…. ¿Qué coños quieres ver en Instagram, que son simplemente un par de datos concentrados en bits y proyectados en pixeles, cuando tienes al imponente mar frente a ti? Nunca lo podré comprender. Por eso creo que hay una fuerza obscura que interceptó el sentido común de ser humano y le robó su capacidad de vivir plenamente en este mundo.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Yo creo que la respuesta a nuestro tan anhelado regreso a casa, está justamente aquí mismo: En casa. Es tomar la decisión consciente de decir “basta”. Es salirse deliberadamente de la absurda carrera creada en nuestro pensamiento de sociedad colectiva, donde sólo se vive de prisa, sólo se preocupa por producir, por dar un resultado, algo al final de cuentas efímero, porque nada permanece, todo se mueve. La prisa termina consumiéndote, termina robándote tus preciadas ganas de realmente vivir. 

El trabajo debe ser algo sagrado; algo intrínsecamente conectado con el momento presente: El acto de fusión entre la actividad y el ser, y funcionar como un mismo organismo, un organismo vivo y en acción. Así es como funcionan todos los seres vivos. Así es como deberíamos de funcionar, a no ser por la patética ilusión que tenemos, de querernos ver como entidades “separadas del entorno”.

El acto de vivir debe contener en sí mismo el placer y el amor a todos los procesos de vida, y el trabajo es el mecanismo intrínseco de la vida. El trabajo, y la vida, es lo mismo, si realmente vives el momento presente. 

Para vivir el momento presente, basta con estar aquí. Se escribe mucho y se habla mucho sobre vivir en el presente, pero nada de eso sirve sin realmente entrar en el acto en sí. Vivir en el ahora es hacer las cosas despacio, con toda tu atención; es saborear todo. Es estar atento a tu alrededor. Es deleitarte de todo lo que pasa. Es no pensar en qué vas a hacer en 30 minutos, o cuánto tiempo falta para la junta de las tres de la tarde. Y la peor pérdida del presente de todas, es gastar tu valiosa vida enfrente de una pantalla viendo una vida construida a base de ilusiones (redes sociales). Si quieres vivir, enfréntate a la vida real. Sal y conversa con extraños en la calle. Camina por el bosque. Báñate en el agua del mar. Come una fruta con toda la consciencia. Para mí, esa es la victoria final: La conquista del Ser es salirse del mundo de la ilusión y entrar en el verdadero mundo: Ahora.

El ahora es la única palabra que conozco, aunque creo que simplemente nuestro lenguaje es demasiado limitado como para realmente poder describir ese sentimiento de retorno a casa que tanto anhelamos. Es algo que se siente, pero no se puede describir con palabras, ¿Cierto?

Porque como dijo el famoso filósofo, teólogo y escritor británico Alan Watts:

«La paz sólo la pueden lograr los pacíficos, y el amor sólo los que aman. Ninguna obra de amor surgirá de la culpa, el miedo, o la vacuidad del corazón, así como aquellos que no tienen la capacidad de vivir ahora no pueden hacer planes válidos para el futuro».