Trabaja en tus sueños

Hoy reflexiono sobre la importancia de tomar enserio nuestros sueños.  Parece ser que la norma moral por la que nos regimos los humanos es por seguir el estatus quo, lo que nos han enseñado a ser y a creer toda nuestra vida. De niños tenemos la noción – y la ilusión- de algún día poder manifestar ese sueño de SER, ese que se aparece de pronto durante el juego; la esencia escondida que se asoma tímidamente cada que bailamos frente al mar, o cuando cantamos en la ducha y dedicamos monólogos enteros al espejo cuando creemos que nadie nos ve.

El deber ser, se nos vende como algo colectivamente moral- debes ser alguien- alguien que es últil a la sociedad, alguien que puede ganarse la vida, y que puede contribuir al consumismo de la sociedad moderna. Aprendemos que el creer en nuestros sueños es algo absurdo, fuera de lo “normal”. Hemos normalizado la estandarización de las almas humanas. Si no eres una persona “normal” que no participa en la carrera colectiva de 9 a 5, entonces eres raro, inadaptado social, teórico de la conspiración (si criticas el gobierno o a cualquier institución de poder), y simplemente no tienes claras las reglas del juego.

Pero ¿Cuál es el precio que pagamos, cada vez que decides hacer algo que no es congruente con tus sueños y con quien realmente eres?

El precio a pagar suele ser muy caro, incluso impagable. En el intento de ganar esta carrera de consumo y de aparentar ser quien no se es, disfrazados de Louis Vuitton, o Chanel, creemos que una vez que estamos económicamente bien, ya hemos alcanzado el estatus quo aceptable para la sociedad. Pero hay algo siniestro detrás de todo esto. Cada vez que haces algo que te hace sentir presionado, humillado y débil, estás dándole el poder al opresor. Estás siendo parte de una tiranía en contra de ti mismo y de tu alma. 

Muy pocas personas toman realmente enserio las sensaciones que el cuerpo les manda cuando algo no está bien- el sentimiento de pesadez e irritabilidad cada Lunes por la mañana no viene de la “flojera” de ir a trabajar. Es una manifestación silenciosa pero real que algo no está bien, que algo no cuadra en tu interior. Tal vez ese trabajo que tienes no te gusta ni te satisface del todo- quizás es demasiado aburrido, o el ambiente de trabajo es opresivo y tóxico, al grado que el simple hecho de saber que tienes que lidiar con esas personas te causa nervios y ansiedad.

Tal vez estamos en un trabajo en donde lo que hacemos no nos llena el corazón de orgullo. Tal vez eres líder de un equipo de trabajo y aunque el título suene elegante como “Líder de proyectos estratégicos” o “Director de transformación digital”- en realidad no se trata más que de leer interminables emails, resolver dramas, pasarte todo el día atado a un escritorio- vendiendo tu alma por el saldo que recibes cada mes- ese es el valor de tu alma, comprada para producir y hacer un trabajo que de otra forma nadie haría.

Trabajar en tus sueños en el mundo actual, es algo revolucionario. Es ir en contra de la tiranía y la opresión. Trabajar en ese maravilloso pero desafiante camino de descubrir quién eres y tener el coraje de mostrarlo al mundo requiere de mucho trabajo interno. Tienes que aprender a discernir sobre las opiniones ajenas y encontrar tu propia opinión. Organizar tu mente y ser capaz de comunicar y transmitir lo que sientes de una manera en la que puedes ser capaz de responder con fuerza y determinación cuando la tiranía se impone y la mayoría calla.

Ser uno mismo es cuestión de amor, disciplina y Fé. El amor es la fuerza transformativa y creadora del universo- Ignorar su influencia en nuestra vida es ir en contra de las leyes naturales de la creación- de la inteligencia infinita y organizadora.

Es por eso que es nuestra responsabilidad ética y moral, tomar enserio nuestros sueños.  Darles la importancia y el lugar que realmente tienen en nuestra vida: Nuestros sueños representan el potencial humano – nuestra máxima capacidad de SER.

Trabaja en tus sueños… o terminarás siendo el actor secundario, el “extra” de la película, sin pena y sin gloria.

El Verdadero Sentido del Trabajo

Tal vez te sientas identificado: Lunes a las 6:00 A.M suena el despertador, y se siente como una tortura. Después de gozar del fin de semana, en donde puedes hacer lo que quieras con tu tiempo, llega el indeseable lunes a recordarte que no eres libre, que tienes un compromiso con el “trabajo”.

Con excepción de unos pocos, la gran mayoría de la gente puede identificarse con ese escenario. “Ni modo, cuando toca, toca” porque todos necesitamos comer, y la libertad no es duradera. Siempre me ha llamado la atención la asociación del trabajo con “ganarse la vida”. ¿Qué significa ganarse la vida? En el mundo moderno, ganarse la vida significa trabajar para poder pagar las cuentas, la comida, la vivienda… en fin, poder mantener un estilo digno de vida. 

El sentido del trabajo ha perdido la su verdadera esencia: la dignificación humana, el poder darle sentido a la vida por medio de nuestras creaciones, y en el proceso, llegar a conocernos a nosotros mismos.

La única manera de sentirse digno de sí es cuando estás orgulloso de lo que haces, y lo haces con gusto. No tienes que ser un artista, poeta, escritor o cantante para sentir que con tu trabajo contribuyes a la capacidad creativa de la humanidad. Oficios como trabajar la tierra, construir algo con tus manos, servir a los demás a través de algún servicio son otras formas de encontrar un sentido más profundo y vivo al trabajo.

En mi libro “The Sucess Mindset”, enfatizo también que una vocación debería estar conectada a una visión más profunda de tu vida.  Es importante hacerte las siguientes preguntas. ¿Qué es para mí el trabajo?, ¿Para qué trabajo?, ¿Cómo mi trabajo le da sentido a mi vida?

Si al intentar responder estas preguntas te das cuenta que no encuentras otro sentido o razón más que ganar dinero, entonces querido amigo, no estás trabajando libremente, si no que estás esclavizado. 

Antes del siglo XX, los trabajos tenían un rol central en la vida de las personas. Confeccionar ropa, trabajar en el campo, construir muebles, y todo tipo de trabajo manual era indispensable para servir a la comunidad y al mismo tiempo, le daba un sentido especial a la persona que ejercía esa vocación. La satisfacción no venía del dinero ganado, si no del orgullo de la creación o de la acción.

Hoy en día, con la modernización de casi todo tipo de trabajo manual, este honor a la creación humana se ha estado perdiendo, quizás para no volver. El confeccionar una pieza de ropa con muchas horas de dedicación y con materiales elaborados ha sido reemplazado por gigantescas fábricas maquiladoras que confeccionan ropa estándar en minutos.

El arte ser agricultor, el conocimiento de los ciclos de cosecha en base a las estaciones del año y las condiciones de la tierra, se van desvaneciendo ante los campos masivos de monocultivo que se auto- regulan con fertilizantes y otras tecnologías.

El escribir una carta con puño y letra, a consciencia y bien elaborada, se ha reemplazado por escribir en teléfonos móviles tres palabras y con “emojis”.

La fuerza cultural que define al humano en base a su trabajo y a la creatividad del mismo se está perdiendo, en esta nueva forma de “trabajar”.

Los trabajos de hoy en día, requieren de habilidades estandarizadas aprendidas desde la escuela. Tienes que aprender los temas actuales que ayuden a las empresas a producir bienes y servicios. Tienes que ser un buen administrador, contador, ingeniero, informático, y lo que sea necesario para servir bien a la economía de hoy, que está enfocada en producción y consumismos excesivos, en donde los que ganan son los que ponen las reglas del juego.

A las grandes empresas no sólo les compramos los bienes y servicios que ofrecen, sino que también les regalamos nuestro tiempo y nuestra alma al contribuir activamente a la construcción, automatización y dominancia de los mismos, trabajando para ellos.

Tal vez es momento de pararse un poco a reflexionar: ¿Porqué seguir apoyando este sistema de esclavitud? ¿Porqué seguir aceptando esta forma “moderna” de trabajar, donde todo tiene que ser rápido, eficiente, al más bajo costo? 

¿Porqué tenemos tanta prisa? ¿Cuál es la obsesión de hacer todo más rápido y más barato? 

Un trabajo hecho sin sentido es una vida mal gastada.

Volvamos a lo que hace grande a la humanidad: La capacidad de crear y de hacerlo en el ritmo natural, respetando sus tiempos y con ello disfrutando la maravilla de sentirse vivo, sin prisas.

¿Qué Es Lo Que Importa En La Vida?

Es una pregunta muy subjetiva. Seguramente, algunos responderán que lo más importante es la familia, los hijos, la salud, o hacer lo que amas. 

Para otros será el dinero, ser reconocida, llamar la atención o simplemente el poder y la fama.

Aunque no lo creas, todas esas motivaciones, aunque parezcan completamente distintas, tienen el mismo trasfondo:  Conectar.

Los humanos lo que realmente queremos, es conectar con otros seres humanos. Después de todo, Aristóteles dijo alguna vez que somos en nuestra más pura naturaleza, animales sociales. 

El sentirse desconectado de la sociedad y del mundo genera grandes trastornos psicológicos. Esto es un hecho probado por un gran número de médicos y científicos que han hecho estudios a miles de personas en las últimas décadas. 

Algunos de los síntomas que las personas experimentan cuando se sienten “desconectadas” son:

  • Estrés crónico
  • Insomio
  • Pobres relaciones interpersonales- impresión de conocer a mucha gente pero sin tener “amigos verdaderos”
  • Impulsividad
  • Ansiedad
  • Problemas para enfocarse en hacer una tarea a la vez
  • Inflamaciones crónicas
  • Problemas de sobrepeso
  • Narcisismo
  • Sentimiento de soledad

Seguramente has sufrido uno o más de estos síntomas y desafortunadamente, tener múltiples síntomas se ha vuelto la regla más que la excepción.

Nuestro ritmo moderno de vida, en donde todo se exige al minuto, en donde la paciencia no existe, y en donde puedes saciarte de básicamente todo a manos llenas: Comer de todo y a todas horas, enterarte de lo último que pasa en el mundo a tan sólo unos clics, entretenerte al instante con los últimos videos de Tik tok, ordenar ropa, comida o hasta pareja en una App… en fin, puedes hacer todo hoy en día con tan sólo un teléfono móvil en la mano, cuando antes necesitabas realmente interactuar con muchas personas para poder lograr todo lo anterior.

La tecnología es una maravilla cuando se usa a favor de avanzar como sociedad. Pero le hemos dado el uso inadecuado y hemos terminado siendo víctimas de la tecnología, y producto- esclavos de los que controlan esas tecnologías.

También nos hemos desconectado de la naturaleza, y de nuestra sabiduría innata. Nuestros cerebros a través de los tiempos han sido interceptados por intereses comerciales que moldean nuestras decisiones de consumo y de vida y esto pasa sin que la mayoría se dé siquiera cuenta de ello.

La desconexión con el mundo y con los demás es lo que nos impide sentirnos sanos, felices, completos y en paz.

¿Qué tenemos que hacer para volver a conectar? 

La respuesta más simple a la que pude llegar es esta: Volver a lo básico.

Buena alimentación:

Aprender de nuevo que lo que comemos tiene una influencia enorme en el estado de salud físico y psicológico de las personas. Si comes nutritivo y bien, te sientes bien y te sientes más motivado para interactuar con los demás. Si te sientes mal, lo último que quieres es interactuar con otros. Por eso, es importante mantener una dieta sana, libre de carbohidratos ultra-procesados, de comida con gluten, azúcares y cosas sintéticas.

Siempre apuesta por comida orgánica, proteína con grasas saludables como la carne, aceite de oliva, quesos (con excepción de los ultra-procesados o azules), nueces, huevos, aguacates y verduras. Limita el consumo de fructosa (e.g. jugos y frutas enteras con alto contenido de fructosa como los mangos, plátanos, etc.) una fruta entera al día siempre va perfecto.

Dormir bien:

Ser estricto con tu tiempo de dormir. Dormir al menos siete horas y evitar desvelarse sin sentido. La mente y tu cuerpo necesitan regenerarse y durante el tiempo de sueño es donde más se regenera. 

Confiar en la inteligencia innata de tu cuerpo:

Tu cuerpo es parte de la inteligencia de la creación.

Tu cuerpo sabe perfectamente lo que necesita. Se auto-regula y se auto-regenera. Muchos piensan que los médicos que “operan” o “medican” hacen algo “milagroso”. Pero nada más lejos de la verdad. Los medicamentos y los doctores son simples instrumentos que intervienen cuando es necesario para dictaminar el curso de la “posible cura” tratando de atacar los síntomas y no la enfermedad. Pero es el cuerpo el que se auto-regenera. El consumo de medicamentos puede incluso ser contraproducente si altera la capacidad auto-regenerativa del cuerpo.

Mi consejo es: menos medicamentos, mejor alimentación, más ejercicio y dormir mejor.

El contacto con la naturaleza siempre, siempre, siempre será una de las gratificaciones más grandes de esta vida y no es algo especial, es simplemente porque la inmensidad del mundo es nuestro hogar desde siempre, y no paredes grises y mini cubículos con computadoras.

Usar menos las redes sociales y buscar más la compañía real:

El título se lee solo. Tener mil amigos en Facebook nunca se va a comparar con tener un amigo verdadero que realmente te escuche y esté ahí para ti en las buenas y en las malas.

Un “like” del Instagram no te va convertir en super estrella ni en super héroe. Pero la sonrisa de un hijo, el abrazo sincero de una amiga, o una conversación profunda con alguien cercano seguramente te hará sentir tan pleno que ni siquiera vas a sentir la necesidad de llamar la atención.

Conectar es simplemente volver a vivir como fuimos diseñados para hacerlo: en la inmensidad de los bosques, selvas, mares, desiertos… libres, con alimentos provenientes directamente de la tierra o los animales… interactuando constantemente frente a frente y no enclaustrados en mini pantallas con imágenes ilusorias mientras nuestro cuerpo y alma se degradan. 

Conectar de nuevo, eso es lo que le da sentido a todo.

¿Se Acerca el Fin de Nuestra Civilización?

Día tras día estallan noticias que me hacen pensar que estamos a punto del colapso. Y lo digo en el literal sentido de la palabra. El descontento civil a nivel mundial acerca de fenómenos bastante coordinados como el “cambio climático” y la agenda de la “igualdad” sólo por mencionar algunos, nos están arrojando a un espiral sin fondo.

Hace ya varios meses, y no precisamente desde que inició la misteriosa guerra de Ucrania con Rusia, se venía hablando de las distintas crisis que iban a acontecer en el mundo gracias a la “pandemia”. Y cuando la gente creía que lo había visto todo y ante una taza de vacunación del casi 80% en la mayoría de los países del occidente y asiáticos, todo el mundo veía con ilusión el regreso a la “normalidad”; pecamos de ingenuos, cuando apenas saliendo de la variante Omicron nos volvimos a meter en la burbuja de la distopia… guerra, crisis energética, viruela de mono, cambio climático…

A partir de la pandemia, se están dando muchos cambios a nivel mundial, demasiado rápido. Estados Unidos sufre de una gran crisis de identidad; si es verdad que siempre ha sido un país muy politizado, nunca se había visto tanto fanatismo, tanto caos y tanta violencia. Las ideologías extremas de izquierda están causando un colapso en la sociedad sin precedentes: el desfinanciamiento de la policía, el incremento de gente viviendo en las calles a causa de drogadicción, la violencia incontrolable y robos a plena luz del día- en ciudades que alguna vez fueron idílicas como L.A, Nueva York, e incluso hasta en las más pequeñas y pacíficas como Asheville en Carolina del Norte. Las famosas leyes del órden que alguna vez hicieron de Estados Unidos un país atractivo, próspero y civilizado, vaya, la potencia del primer mundo- ahora brillan por su ausencia.  

Tal vez pienses que es un problema de Estados Unidos solamente, pero curiosamente, se están dando fenómenos muy parecidos en Europa: gentrificación masiva de diversas etnias- en su mayoría hombres jóvenes sin sus familias- pertenecientes de África del Norte y del Medio Oriente en ciudades clave como Barcelona, o Roma, han hecho perder el encanto que las caracterizaba apenas hace un par de años y se han convertido en un centro de riñas y bandalismo. ¿París? Ni los mismos parisinos se atreven ya a salir de noche en zonas no turísticas. ¿Suecia? Te sorprenderá saber que el bello país nórdico ahora se encuentra entre los países con los índices más altos de criminalidad en toda Europa, gracias a que en años anteriores Suecia abrió las puertas a toda clase de inmigrantes sin ningún tipo de restricción.

Si ponemos atención a lo que pasa en el mundo, esta batalla contra los fundamentos más esenciales de la civilización, como la familia, el órden, las leyes soberanas y la moral, las estamos perdiendo porque las élites que realmente gobiernan el mundo, nos controlan mejor entre más nos dividen. Divide et impera. Y las crisis son la excusa perfecta para dividirnos hasta perder totalmente el sentido común el cual rige las leyes más básicas de la vida y la naturaleza. 

Teniendo a los grandes medios de comunicación como cómplices, nos venden una imagen de la realidad distorsionada. Nos dicen que sin el gas de Rusia no es posible tener una vida normal de nuevo. Que el feminismo es más importante que formar una familia; que el aborto es un derecho y no un crimen; que está bien ser un perdedor y que no existen jerarquías de competencia porque «todos somos ganadores»; que no hay dos géneros si no que el cielo es el límite y puedes ser lo que quieras- elefante, hormiga, unicornio, lo que sea; que la naturaleza y el aire puro es más peligroso que respirar químicos tóxicos y aire reciclado todo el día con una mascarilla puesta; la lista es larga y entre más ahondamos en detalles más siniestro se vuelve.

Los precios del gas en Alemania se han disparado de tal forma que ahora en pleno invierno los alemanes, entre otros europeos, tendrán que racionalizar el uso de la calefacción y del agua caliente. Alemania tiene cerca de seis plantas nucleares que mantiene cerradas- ¿Porqué mantenerlas cerradas cuando se avecina esta gran crisis de suministro de energía?

Vladimir Putin dijo en una conferencia de prensa que curiosamente no fue transmitida en los canales oficiales de noticias, que la línea Nordstrom 2 que suministra gas a Europa está lista para ser abierta en cualquier momento, pero que es el gobierno de la Unión Europea la que se niega a ceder. Es claro, que para los politiquillos de la Unión Europea es más importante mantener el “apoyo moral” a Zelensky, mandándole billones de dólares y armas en apoyo para “combatir la guerra”, aunque eso resulte en sacrificar el bienestar de sus ciudadanos durante los duros meses de invierno. Tiene sentido ¿No?

 En menos de 6 meses, han renunciado importantes piezas del gobierno de la Unión Europea como Boris Johnson en Reino Unido, Mario Draghi en Italia, Henk Staghouwer como secretario de agricultura en Holanda, entre otros. Y ahora la muerte de la Reina Isabel II y el inminente asenso al trono de Carlos III, dos días después de anunciar a la nueva primer ministro de Reino Unido, Liz Truss, son acontecimientos que parecieran ser cortinas de humo para distraernos de cosas más serias y profundas. Hacía muchos años que Europa no sufría una inestabilidad económica, política y social tan fuerte como la que se está dando en estos momentos. La inflación este mes en Europa del Este ha alcanzado hasta el 20% en promedio en países como Estonia o Lituania. Mientras que España, Portugal, Alemania, Francia e Italia se mantienen entre el 8 y 9 % la peor inflación desde la Segunda Guerra Mundial.

Misteriosos “cambios climáticos” de sequía intensa en verano, seguidas por las amenazas de un muy frío invierno sin energía. Si observas el cielo, te das cuenta que algo no es normal: numerosas estelas de gas adornan los cielos y han reemplazados muchas veces a las nubes- ¿Porqué nos están fumigando?

Grandes protestas cada fin de semana en las principales ciudades de Europa. Contra la subida de precios de alimentos básicos, contra subida de precios del gas, contra sanciones irracionales de uso de fertilizantes básicos como el nitrógeno para mantener los niveles óptimos de producción en agricultura. La demonización del consumo de carne, la cual está más que comprobado que es vital consumirla para la salud humana- y el reemplazo por bichos que en realidad nunca fueron aptos para el consumo humano. De ser así, nuestros ancestros lo hubiesen hecho ya milenios atrás.

Aumento de muertes “inexplicables” de personas, con España y Portugal a la cabeza de las estadísticas y curiosamente son los países “más vacunados”. Misteriosos aumentos de problemas cardiacos, miocarditis, derrames cerebrales y multitrombosis; tristemente muchas familias han sufrido la pérdida de alguien, u observado cómo la salud de nuestros seres queridos se deteriora de forma “inexplicable” en especial del 2021 a la fecha.

El ataque contra los niños y contra el núcleo familiar es visible hasta para el más tonto. Con reformas educativas que pretenden confundirles hasta de su más básica humanidad: la definición de género, el feminismo, el ataque contra los hombres, el ataque hacia formar familias normales, heterosexuales y tradicionales en pro del “progreso”. Hasta en países “machistas” como México ya se habla sobre la “igualdad de género” y la importancia de que los hombres también puedan usar faldas, para que no se sientan discriminados.

Ya ni las personas mayores se escapan. En el 2021 la Organización Mundial de la salud declaró la vejez como una enfermedad… así es, y por tanto la práctica de la eutanasia se comienza a legalizar en países europeos al venderse como algo justificable para «curarse» de esta enfermedad…

¿En qué mundo de locos estamos viviendo?

Los ataques son múltiples, en todos los niveles y por todas las áreas inimaginables- pero ante todo es una guerra psicológica, una guerra contra nuestras almas, contra nuestra humanidad y nuestras soberanías.

¿La civilización se puede colapsar? No sería la primera vez, pero tal vez esta es nuestra última oportunidad…¿Qué más debe pasar para que abramos los ojos y hagamos algo al respecto?

¿En el 2030 no tendremos nada, pero seremos felices?

¿Somos Adictos a la Basura?

Hablamos de «cambio climático», de reducir el «CO2» (La gran mayoría ni siquiera entiende la magnitud de fraude que existe en esa frase ) y de otros temas fashion del momento para creernos conscientes del mundo sustentable. Pero no nos hagamos tontos, aunque nos guste hablar de ser «green», nuestros hábitos nos muestran otra cara a la realidad:

  • México es el mayor consumidor de Coca-Cola en el mundo, con un promedio de 163 litros por personaal año de acuerdo a estudios de la Universidad Autónoma de México. Si pensamos que una lata de 355ml tiene 37 gramos de azúcar u -8 cucharadas- imagínate cuanta azúcar consumes al tomar una lata diaria al año … ¡nada más y nada menos que 3,700 aterradoras cucharadas ! Una vez intoxicado el cuerpo con montañas de azúcar que tiene efectos adictivos peores que la cocaína…pensemos ¿a dónde irán a parar los galones de plástico y latas después de haber injerido el veneno?
  • Estados Unidos es el mayor consumidor de comida chatarra en el mundo- siendo para el 36% de los Estadounidences adultos parte diaria de su dieta. No nos extraña que también sea uno de los países con mayor obesidad y peor salud a nivel mundial.
  • Una persona promedio pasa más de 7 horas enfrente de una pantalla, ya sea tablet, televisión, laptop o teléfono móvil, de acuerdo a una publicación de Forbes. Preciado tiempo perdido, que pudo haber sido aprovechado haciendo ejercicio, conectando con la familia, haciendo algo con las manos o paseando en la naturaleza.
  • El 5% de la población mundial es adicta al shopping – es decir, adictos a comprar cosas innecesarias, que terminan en la basura o arrumbados en un cajón olvidado la mayor parte de la vida útil de ese producto.

Podría seguir citando 40,000 estadísticas más, y las tendencias son las mismas: Cada vez hay más personas que abusan de todo lo que es nocivo para la salud. Cada vez hay más personas atrapadas en algún tipo de vicio- redes sociales, pensamientos negativos, dinero, atención, poder, depresión, miedo, consumismo chatarra, alcoholismo, hedonismo… la lista es interminable.

El tema de adicción a la chatarra es tan profundo como los hoyos negros- no nos damos cuenta cuando entramos al “ojo del huracán” y una vez dentro, no vemos la manera de salir.

Todas estas trágicas estadísticas y hechos se prestan para hacernos algunas preguntas.

Por ejemplo: ¿Porqué nos empeñamos a desarrollar adicciones destructivas para nuestra salud, poniendo en riesgo el bienestar propio, de nuestro entorno y nuestras familias? ¿Realmente somos culpables directos de la adicción al consumo chatarra, o hay alguien o algo detrás de este trágico capítulo en la humanidad?

Si observo al mundo, con los ojos bien abiertos, despierto a una realidad espeluznante:

Todos somos co-creadores de este mundo basura. Los pseudo artistas e influencers que promueven marcas basura tienen más dinero que los escritores o filósofos. Los carteles médicos que venden fármacos y tratamientos con tóxicos cuestionables sin demostrar suficientes pruebas clínicas- y las grandes multinacionales de comida chatarra- ganan más dinero que los pequeños negocios que buscan sostenerse con alimentos orgánicos o productos naturistas. Lo sabemos, pero a pesar de ello, seguimos apoyando a la industria chatarra e ignorando a la naturaleza y a la verdad.

Los políticos y empresarios corruptos son alabados mientras que los honestos y los que se atreven a hablar con la verdad son silenciados y hasta segregados de la “sociedad”.

Este es el mundo de locos, o el famoso “reino del revés”- el progreso es retroceso, lo bueno es malo y lo malo es bueno…

La verdad es lo que te dicen los políticos, la televisión, los tecnócratas y millonarios- y todo lo demás es “des-información”.

La salud son las vacunas y las medicinas- la no salud es aceptar la propiedad auto-curativa del cuerpo y los medios naturales.

Ciencia es censura, hermetismo y una narrativa única; la pseudo-ciencia es el cuestionarse todo y hacer pruebas rigurosas para probar o rechazar teorías y siempre mantener el debate abierto.

Las mujeres pueden declararse hombres y los hombres mujeres, si así lo “deciden”. La biología ya no es la verdad irrefutable de la definición básica del sexo.

Los virus se vuelven pandemias cuando los medios, el cartel médico y los políticos lo deciden. Y también se acaban una vez cerrado el negocio para pasar a la próxima calamidad.

Definitivamente, en este mundo del revés, reina la basura.

La humanidad es adicta a la chatarra.

Por eso es que cada vez estamos más enfermos, más sumisos, más perdidos y más alejados de nuestra naturaleza real.

Pero… no todo está perdido. Tengo esperanza que esto va a cambiar. Cada vez más vamos a ir despertando de este sueño (o más bien pesadilla) y vamos a empezar a ver lo que realmente es sublime e incalculablemente valioso en la vida: El amor, la naturaleza y todo lo que de ella proviene de forma pura y perfecta; la inteligencia infinita que mantiene nuestro entorno, la familia, las tradiciones de los pueblos, las pequeñas comunidades, el trabajo duro y la búsqueda incesante de la verdad. 

La Fuerza de la Verdad

Lao Tzu dijo que no hay nada más flexible que el agua, y sin embargo ninguna fuerza en este mundo puede derrotarla. La verdad es así.

En este mundo nos hemos dedicado a mistificar la verdad. La hemos ignorado y después la hemos santificado y la hemos puesto en un pedestal, como algo que tenemos que buscar, alcanzar… el fin ideal. Basándonos en esa absurda idea, vivimos después en una mentira y la convertimos en ley, reglas, principios, moralidades y creencias. La verdad entonces permanece inalcanzable, misteriosa, divina y por lo tanto, no accesible a las masas comunes.

Al menos, así nos lo pintan nuestros gobiernos e instituciones desde hace siglos. 

Lo más trágico del asunto es que generaciones y generaciones de personas han vivido así, y se han muerto en búsqueda de la verdad, o pensando que vivían en la verdad de sus tiempos, impuestas por toda clase de gente que siempre se cree superior y busca el poder: Expertos, políticos, religiosos y demás “autoridades” (¿De qué diablos?)- pero eso sí… autoridades.

Generaciones van y vienen y muy poca gente se da cuenta que la verdad está en la punta de los dedos. La verdad es simple y en términos generales-el contacto directo y perceptual con la vida y el entorno- La verdad es tu corazón que late. El aire que respiras. Los brazos que te asisten. La calidez perfecta de tu cuerpo. Las personas a tu alrededor. Los árboles enfrente de tu ventana. Me dirás: Pues obvio, ¿Qué otra cosa puede ser? – y aún así, aún sabiendo lo obvio nos perdemos en el mar de las mentiras, de ideologías baratas que destruyen nuestra visión pura y simple de las cosas.

Por ejemplo, nos creemos la babosada que nuestros cuerpos no son capaces de auto-regenerarse así mismos y que necesitamos de sustancias químicas nocivas para “curarnos”.  Vamos y gastamos todo nuestro dinero en pastillas, recetas, y cualquier menjurje que nos recomienden.  Damos como atestado a la realidad cualquier historia por más ridícula que nos presenten en las noticias; el discurso y la politiquería. En la “realidad de hoy” los hombres pueden creerse mujeres y las mujeres hombres. Los niños pueden elegir su propio sexo según sus sentimientos.

La biología pura y simple ya no tiene lugar en este nuevo mundo, donde las realidades son maleables de acuerdo a las ideologías y las opresiones del momento.

Hasta la misma historia es borrada, negada y modificada al antojo para poder sustentar las mentiras de hoy. 

La crisis social que estamos viviendo en nuestros tiempos es básicamente fruto de la incapacidad de la gente en general de poder gobernar sus propias vidas. Nos han quitado la capacidad de pensar libremente y de poder llegar a nuestras propias conclusiones sobre las cosas, atacando la libertad de expresión y oprimiendo a la gente que piensa diferente al Status Quo.

Pero como dice el sabio Lao Tzu, la opresión y la mentira nunca alcanzan los resultados deseados. Al final del camino, la fuerza de la verdad- sutil, silenciosa, omnipresente- siempre reinará y siempre triunfará. Las civilizaciones que se pierden a sí mismas caerán, y la verdad seguirá ahí- con sus dulces bondades, su esplendor y belleza- lista para ser vivida a plenitud.

Busca tu propia verdad. La verdad del mundo y lo que es realmente universal, es la unión y la convivencia entre una infinidad de seres únicos e irrepetibles. Simplemente observa la naturaleza: Ninguna flor es exactamente igual a otra; ni siquiera un grano minúsculo de arena es igual a otro- por más semejantes que parezcan, sus estructuras biológicas están diseñadas para dar y mantener vida a esa particular expresión de vida.

Las raíces de un árbol de manzanas no pueden ser las mismas que las raíces de los árboles que dan limones. Tu verdad nunca será exactamente igual a la de otra persona. Y en eso reside tu belleza infinita y define tu lugar en el mundo. Presérvala por sobre todas las cosas!

“Aquellos que saben de los demás son inteligentes; Aquellos que se entienden a sí mismos son iluminados”- Lao Tzu

¿Estamos Perdiendo Nuestra Humanidad?

Cada día se me dificulta más ver las noticias, tener pláticas decentes con la gente. Parece que el menú de la semana siempre es el mismo: Pandemia, guerras, política e ideologías varias, élites mundiales que se juntan en lugares de lujo para hablar sobre “mejorar el planeta”, cambio climático, crisis energética, crisis económicas, en fin. Pan con lo mismo. Hace tiempo que dejé de ver televisión para evitarme la indigestión.

En realidad, me preocupa, que tantos millones de personas confíen en los noticieros como “el ministerio de la verdad”- e ignoren la verdadera realidad: La que se presenta ante nuestros ojos, si nos quitamos las gafas del dogma y dejamos de participar en el teatro en donde nos tratan como marionetas. En mi mundo, yo sólo veo gente que, como yo, prefieren la paz. Gente de buen corazón, que quiere ayudar a los demás. Me cuesta mucho trabajo creer que en realidad seamos una especie que le guste estar en conflicto y en el miedo constante, y que necesitemos de “gobiernos paternales” para mantener el orden y la paz. 

Algo en mí me hace pensar que nuestra situación en la actualidad no tiene que ver con que seamos conflictivos por naturaleza, ni que seamos los culpables absolutos de todas nuestras calamidades. Más bien creo que se trata de una crisis de identidad. Estamos perdiendo nuestra identidad real- la conexión más sagrada, que es el sentimiento de pertenencia con todo nuestro entorno; con los árboles que nos permiten respirar, con el sol que nos da energía para vivir, con la tierra que nos regala alimento y un hogar. Con el agua, ese misterioso líquido, el líquido de Dios- el verdadero elixir de vida. 

Nos estamos perdiendo en un mundo paralelo construido de materiales sintéticos- castillos de arena, mundos falsos, ideologías tenebrosas. Estar pegados a unas pantallas para sentir que “pertenecemos” al mundo se ha vuelto nuestro día a día. ¿Cuándo fue la última vez que te atreviste a salir de tu casa sin tu móvil? ¿Todavía sabes encontrar direcciones sin la ayuda del GPS? ¿Marcar a un amigo sin buscar su número en el teléfono o usar el WhatsApp? ¿Hacer amigos “a la antigua” sin usar Facebook, Instagram o Twitter?

¿Cuántas horas al día nos la pasamos en frente de pantallas? 

La tecnología puede ser muy útil en muchos sentidos, pero entre más pienso en ello, más siento que el uso indiscriminado que le estamos dando nos está aventando a un agujero negro, sin punto de retorno. Estamos cambiando nuestro estado psíquico, psicológico y fisiológico. Estamos regalando nuestra identidad a los dueños de la tecnología.

Sin la ayuda de nuestros aparatitos, nos sentimos más lentos, más impacientes, más ansiosos, más nerviosos. También creo que más tristes.

Yo crecí todavía en los últimos años gloriosos a finales de los 90’s, cuando tener una computadora era un lujo y ni se diga un celular. Todos mis amigos del alma, los conocí en la escuela o en la calle, sin móviles de por medio. Platicábamos por horas sobre nuestras vidas. Íbamos a fiestas y conocíamos a más amigos simplemente estableciendo contacto visual y sonriendo. Esa es la verdadera conexión humana- la mirada, la sonrisa. 

Ahora, no podemos ver sonrisas- sin antes someterse a vacunas o mandatos del gobierno. No podemos ver miradas- todas están atrapadas en los móviles. Ahora, cuando salgo a caminar, simplemente veo sobras. Las sobras de lo que fuimos.

Pero no pierdo la esperanza. Sé que no nos pueden dejar tanto tiempo atrapados, sin nuestra humanidad. Confío en que nuestros espíritus están comenzando una revolución, para manifestarse como debe ser. Tengo la Fe absoluta que, aunque estemos perdidos en este momento, vamos a retomar nuestro camino. Vamos a volver a abrazarnos, a confiar los unos a los otros. Sueño en ese día que nos quitemos las máscaras falsas de raza, ideología, clases divisorias de todo tipo, y simplemente nos reconozcamos como lo que somos: Uno, al unísono, uno con el mundo y con todas sus maravillas. Expresiones únicas del todo. La chispa de lo único, de lo hermoso y de lo divino lo encontramos en nuestra forma humana en dos lugares: Nuestra sonrisa y nuestra mirada.

Quítate ya la mascarilla. Apaga tu teléfono. Mírame, Mirémonos.

Hoy lo necesitamos más que nunca.

Chronicles of a Pandemic

It was a warm summer morning, the day I woke up and saw everything very different. From the outside, it all kind of looked the same: The birds were signing, the sun was shining, and the routinely activities of daily life were right there, waiting for me to take action: The kids were hungry and demanded breakfast; my husband was getting ready for work; the endless to -do list was staring at me with no sympathy. But I felt something inside of me was not the same anymore.

I turned the TV on to listen to the usual morning news. All the same: At the time of writing (July 2021) the headlines remain focused on new Coronavirus cases, new variants coming in despite highly vaccinated rates. It turns out, the danger is now with the young people. Old people are not of concern anymore. They are all vaccinated by now or at the worst, dead. The “problem” is with the young: Corona cases are increasing. The newspaper “The Independent” in England comes with a headline: “Exponential Rise in Covid cases in England driven by younger people”.  In another site you read:“Covid doesn´t discriminate by age” (npr.org); Another headline from Spain: “Spain reports new rise in coronavirus infection rate as cases among young people continue to spike” (El pais.com).

Now, just as curiosity I checked another country, let´s pick Brasil. A news headline says: “The Covid-19 cases in young people are steadily increasing, according to reports” (CNN Español) (…which reports? They never mentioned). Okay, last attempt to find another storyline. I checked the news from “The Economist” in Mexico. Let’s see; first headline: “Increment in Covid-19 cases among young people, according to OPS” (Pan-American Health Association). Same storyline everywhere around the same month. 

In the same article from the OPS, I read the following statement: “The hospitality rates among people below 39 year-old have increased more than 70% in Chile, and in some areas of the United States, more 20 year-old people are being hospitalized due to Covid-19 than 70 year-old people”.

Talking about Chile. I saw a video recently, were President Sebastian Piñera tells the Chilean citizens that everything is going according to budget. He said, “we have budgeted 12.000 millions of pesos for handling the covid crisis, approved in June 2019”…wait a minute. They guy is a genius or has visualization powers and predicts the future. In June 2019, the virus was not even around in Wuhan. How did he budgeted for a crisis that does not exist? That’s leadership my friends!

A year ago, the headlines were looking very different. Here is one from July 2020 in Australia: “Melbourne aged care is facing a coronavirus catastrophe…” Mr. Premier Daniel Andrews alarmingly mentioned that “we will see more people die, particularly in aged care . The consequences could not be graver” (abc.net.au). The World Economic Forum, a leading voice in all economic matters surrounding the pandemic showed a very interesting graph in early 2020 signalizing that “The fatality rate for people over 80 from COVID-19 is almost 15% according to data from China” (…again, which data? The report fails to give those details).

Curiously the fatality rate percentages looked like this back in February 2020:

Source: The World Economic Forum-Fatality rate by age (2020)

So, let me try to understand this. According to the graph above, all people above 60 had a higher risk of getting the virus and dying from it in 2020. In July 2021, is all about young people. How is it possible that the virus could “discriminate” younger people, which had apparently a nearly zero risk (with 0.2%) in 2020 and just the next year, suddenly revert the graph so that all the risk is with the young people?  If “Covid doesn´t discriminate by age” how did it manage to discriminate young people for an entire year? And what does it mean being at risk now? Risk to get the disease? To die?  

What I have learned from this short part of the story is this: First, the virus is very disciplined worldwide. Last year it only affected old people. This year is affecting only the non-vaccinated, young people. Although last year, young people were anyway not vaccinated. Somehow, this virus is extremely precise in the target group it attacks globally. New variants are flying “instantly” to new countries, despite travel restrictions, lockdowns, masks, social distancing and all those measures applied globally.

Second, another curiosity: For the first three quarters of the year 2020, we just had the “Coronavirus” plain and simple. Towards the last quarter, we started hearing about new “variants”: The Brazilian variant, the UK variant…now the trend is with the Indian (or Delta) variant. I start to feel a bit discriminated. Why is there no Mexican variant? And what about a Swiss variant? Why not a Japanese? I tried to find some information that describes what is exactly the difference between the variants, but nothing really useful is available as “scientist are still finding out about them” (Center of Disease and prevention US Gov) and  it seems like nothing we do really has an influence. The “virus” has its own agenda. It spreads at the rate it wants, infects the age group it pleases at any given moment, and it kills depending on vaccination rates. The miraculous vaccines seem to be the solution to all our problems. It will save us from dying of a cold (Covid, remember, it used to be a cold?)

Some days ago, while driving in my car, I heard a radio advertisement in Swiss German (the native “slang” in the German part of Switzerland, where I live) that went more or less like this: “Hey, do you need more reasons to get vaccinated? What about this? <sounds of friends gathering and laughing>… or this? <the sound of the waves crashing, resembling holidays>… of what about that? <the sound of music from a night club and people making cheers>…«

Third learning: So, it is not about getting back our health anymore, but also, the vaccine will give us back our freedom; we will be able to travel, to meet our friends, and to even enter to restaurants and bars, just by showing your Covid pass. 

It sounds like taken out from a science-fiction movie. Unfortunately, it isn´t. This is our harsh reality in the middle of the 21st century. 

How am I supposed to go on with my day? Should I be happy, because the Covid seems to be here to stay? Should I be worried? Should I be scared? Please people from the media, tell me what I have to feel now.

I turned off the TV. I kept doing my activities as usual. When the TV is off and I don´t check the social media, the reality looks actually quite different. I live in front of a beautiful forest. From my windows, I can see the beautiful and omnipresent trees. I decide to take a walk. During my walk, I saw a deer. He seemed to be particularly cheerful, walking around, unimpressed by my presence. At the same time, an elderly woman was walking her dog as well, wearing a big blue facemask. I could not avoid feeling a bit sorry for our human race. Here is the deer, walking freely in the forest, unpreoccupied by anything. He gets his food, he can walk in peace, with no timetable to follow, and he does not need to wear a mask, and worry about any sickness.

The dog seemed as well quite relaxed, just smelling everything around. Why aren´t dogs wearing a mask, by the way? They are as closest as humans as they can be. Some dogs even sleep in the same bed as their owners. From science, we know that all animals, plants, and other living organisms share the same ADN patterns as humans. We also know, that we all share 99.9% of the same genetic structure, and all living things are made of the same four basic elements: carbon, oxygen, nitrogen and hydrogen (biologyonline.org) So, why only us and not the vastly rest of the living species are affected by this virus? (except for bats that are supposedly the “carriers”, although no clear evidence yet). 

So, here we are. Homo Sapiens, the “smartest species” in the planet. Wearing facemasks on the open air, afraid of spreading “viruses” that are so minuscule that the pores of the mask can transfer millions of it. But anyway, is not about science, or health anymore, isn´t it? It is about doing the “right thing”. Is a fashion statement, the Status Quo. If you don´t wear a mask, you don´t belong. You “don´t care” about spreading your viruses to other people. How dare you? 

Keep walking. You have a job to attend. Bills to pay. Responsibilities to do. You cannot walk free in the nature, like the deer. Can you? Can we?

We live in a world of illusions, after all.

“Who controls the past, controls the future: who controls the present controls the past.”- George Orwell

Reflexiones del Presente

Hay cosas que parecen ser irremediables en el comportamiento humano; una de esas esas cosas es nuestra incapacidad de disfrutar el presente. 

Siento que una fuerza misteriosa se ha apoderado de nosotros. Y esa fuerza nos ha privado de lo que realmente se llama vivir. Vivir es estar aquí, deleitarme por cada palabra que escribo, por cada respiro que doy, por cada latido de mi corazón. Y de alguna manera, entramos en un trance extraño en el que le ponemos más prioridad a hacer demasiadas cosas, pero sin “tocarlas”; como si fuera más importante la acción en sí que la experiencia misma de la acción. Creemos que hacer muchas cosas es ser “eficientes” y que estamos avanzando hacia algún lado. Pero, ¿A dónde realmente estamos avanzando?

Si nos ponemos un objetivo a futuro y vivimos con la promesa del cumplimiento de ese objetivo, borramos por completo la importancia del presente. Me recuerda a esas veces de niña que, hacía mis cartas a Santa Claus, pidiéndole mis juguetes deseados, y después tenía que esperar insaciablemente por que sea la noche de navidad cuando por fin pueda recibir mis regalos. Y aunque me entusiasmaba mucho con todos los preparativos: ya sabes, comprar y adornar el pino de navidad, adornar con luces el exterior de la casa; cantar villancicos en la escuela y celebrar las posadas; dentro de mí vivía en el futuro, en la espera de la noche de navidad; en el instante en el que por fin culmina el “esfuerzo de la espera”- cuando eres niño, la paciencia no es una de tus cualidades, seamos sinceros.

Cuando la noche anhelada llega, ni siquiera disfrutaba la cena; para mí era simplemente retardar lo inevitable: El momento que den las 12 de la madrugada, y Santa Claus cumpla con su promesa de dejar debajo del pino los regalos prometidos. Cuando todo esto culmina, cuando por fin veo los hermosos empaques de colores adornados con cintas verdes y rojas, simplemente me lanzaba sobre ellos, sin poner atención alguna a la envoltura: Desgarraba el papel lo más rápido posible, para por fin poder tocar a mis juguetes anhelados: Esa Barbie que tanto soñé con tener y tantas veces vi anunciada en la televisión; ese set de casas nuevas de Polly Pocket por las que toda niña en los noventas deliraba: ¡Por fin en mi posesión! Juego con mis cosas nuevas los siguientes días, me absorbo en ellas… y después, con el paso del tiempo, quedan en el olvido. Enero llega, y con él, una nueva promesa de nuevos juguetes… 12 meses más que esperar. Y a repetir todo de nuevo. 

Es como el perro que se pasa toda su vida dando vueltas en círculos correteando su propia cola. Cuando creces ya no son juguetes lo que anhelas… si no relaciones, coches, ropa, más diplomas, más dinero, más reconocimiento… las formas cambian, pero el deseo es el mismo: Queremos alcanzar algo… el “goodie bag” que nos llene de plenitud para siempre… pero nunca llega; porque cuando alcanzamos lo anhelado dura sólo unos minutos. El elixir de la gloria nos embriaga tan solo unos breves instantes y después desaparece… como si nunca hubiese existido. ¿Porqué?, ¿Qué es entonces eso que perseguimos celosamente y nunca alcanzamos?

Mi vida aún es relativamente corta, pero siento como si hubiese estado aquí ya una eternidad; siento que lo que estoy tratando de alcanzar es un cierto tipo de hogar. Esa sensación de “estar en casa” conmigo misma. Lo paradójico de perseguir cosas en la carrera del día a día es que entre más cosas hago, y más me preocupe por alcanzar algo, más alejada me siento de esa sensación de “hogar”.

Cuando estoy en el trabajo y quiero ser productiva, y me va bien en ello, tengo una sensación temporal de bienestar. Porque no pasa un breve tiempo cuando otra nueva responsabilidad llega a tu mesa y tienes que volver a empezar; parece que los problemas y las cosas que hacer se perpetúan por sí mismas en un cuento de nunca acabar. Lo mismo con los deberes familiares, sociales y de más.

Tan acostumbrados estamos de militarizar nuestra existencia con horarios y cosas por hacer, que el acto de sentarse a comer o simplemente sentarse y estar quieto se considera como algo “improductivo”. Hasta en las vacaciones he visto gente, sentada frente al mar, pero con sus ojos pegados a los teléfonos móviles, checando Instagram…. ¿Qué coños quieres ver en Instagram, que son simplemente un par de datos concentrados en bits y proyectados en pixeles, cuando tienes al imponente mar frente a ti? Nunca lo podré comprender. Por eso creo que hay una fuerza obscura que interceptó el sentido común de ser humano y le robó su capacidad de vivir plenamente en este mundo.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Yo creo que la respuesta a nuestro tan anhelado regreso a casa, está justamente aquí mismo: En casa. Es tomar la decisión consciente de decir “basta”. Es salirse deliberadamente de la absurda carrera creada en nuestro pensamiento de sociedad colectiva, donde sólo se vive de prisa, sólo se preocupa por producir, por dar un resultado, algo al final de cuentas efímero, porque nada permanece, todo se mueve. La prisa termina consumiéndote, termina robándote tus preciadas ganas de realmente vivir. 

El trabajo debe ser algo sagrado; algo intrínsecamente conectado con el momento presente: El acto de fusión entre la actividad y el ser, y funcionar como un mismo organismo, un organismo vivo y en acción. Así es como funcionan todos los seres vivos. Así es como deberíamos de funcionar, a no ser por la patética ilusión que tenemos, de querernos ver como entidades “separadas del entorno”.

El acto de vivir debe contener en sí mismo el placer y el amor a todos los procesos de vida, y el trabajo es el mecanismo intrínseco de la vida. El trabajo, y la vida, es lo mismo, si realmente vives el momento presente. 

Para vivir el momento presente, basta con estar aquí. Se escribe mucho y se habla mucho sobre vivir en el presente, pero nada de eso sirve sin realmente entrar en el acto en sí. Vivir en el ahora es hacer las cosas despacio, con toda tu atención; es saborear todo. Es estar atento a tu alrededor. Es deleitarte de todo lo que pasa. Es no pensar en qué vas a hacer en 30 minutos, o cuánto tiempo falta para la junta de las tres de la tarde. Y la peor pérdida del presente de todas, es gastar tu valiosa vida enfrente de una pantalla viendo una vida construida a base de ilusiones (redes sociales). Si quieres vivir, enfréntate a la vida real. Sal y conversa con extraños en la calle. Camina por el bosque. Báñate en el agua del mar. Come una fruta con toda la consciencia. Para mí, esa es la victoria final: La conquista del Ser es salirse del mundo de la ilusión y entrar en el verdadero mundo: Ahora.

El ahora es la única palabra que conozco, aunque creo que simplemente nuestro lenguaje es demasiado limitado como para realmente poder describir ese sentimiento de retorno a casa que tanto anhelamos. Es algo que se siente, pero no se puede describir con palabras, ¿Cierto?

Porque como dijo el famoso filósofo, teólogo y escritor británico Alan Watts:

«La paz sólo la pueden lograr los pacíficos, y el amor sólo los que aman. Ninguna obra de amor surgirá de la culpa, el miedo, o la vacuidad del corazón, así como aquellos que no tienen la capacidad de vivir ahora no pueden hacer planes válidos para el futuro».

Inspiración…¿Dónde Estas?

Para todos aquellos que nos dedicamos al arte de crear: Escritores, artistas de obras visuales, músicos, bloggers, diseñadores… es común adjudicar nuestro trabajo a esa musa, esa energía etérea, invisible que nos susurra de pronto al oído y produce en nosotros una necesidad de entrar en acción, de expresar el mensaje que hemos recibido… esa musa llamada inspiración.

La bendita, aclamada y deseada inspiración, no nos llega a todos con la misma frecuencia ni de la misma manera. Stephen King, el famoso escritor americano de ciencia ficción, confiesa en su único libro autobiográfico “Mientras Escribo” que su musa (que él asegura es un muso en realidad…) era un tipo que vivía en el sótano. Si quería accesar a él, tenía que descender a su lugar, porque su muso no llegaba de repente al escritorio, a derramar polvito de inspiración mágico sobre su cabeza o sobre su máquina de escribir así porque sí.

Su muso, según King, es un tipo al que tenía que construirle y decorarle su propio lugar para que pueda sentarse ahí a fumarse sus cigarrillos y admirar sus diversos trofeos mientras pretende ignorarlo (al menos, que se ponga en acción) pero para eso, había que ponerle su lugarcito para florecer. Una vez instalado, puede que se ponga a trabajar y despliegue su magia.

Hay un poema de Charles Bukowski, que me encanta porque siento que (no se sabe en realidad) se lo dedica a su propia musa:

“hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que está ahí dentro.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
montarme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?
hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,

¿lloras tú?”

Yo he llorado, cuando no la encuentro. Cuando las páginas están en blanco y el corazón hierve por querer expresar algo y no saber cómo ponerlo en papel sin su ayuda.

La inspiración… esa lucidez repentina, que te visita de pronto sin avisar, y te conecta con el torrente infinito de la creación… esa que de pronto te hace sentir la necesidad de trabajar sin parar, hasta que tus manos estén ensangrentadas y tus ojos casi quieran salirse de su órbita del cansancio; esa que crea mundos increíbles los cuales puedes visitar sólo cuando ella te da el acceso; esa llavecita maestra, que puede tomar cualquier tipo de forma: Un paisaje, una rosa, la persona amada, o hasta una tragedia.

Yo también creo que la musa necesita su propio contexto para aflorar. Creo que Stephen King tiene razón cuando dice que somos nosotros los que tenemos que “descender” a su nivel. No creo que la musa nos elija por arte de magia para manifestar el mensaje que quiere proyectar al mundo. Más bien, con ayuda de nuestra pasión, nosotros mismos creamos ese espacio acogedor y la llamamos. Una vez que nos ganamos su confianza es cuando aparece, se instala y colabora con nosotros, repartiendo su polvo mágico.

¿Y tú, has encontrado a tu musa?, ¿Dónde vive y cuándo se manifiesta?

A la mía, le gusta la naturaleza. Le gusta respirar el aire puro del bosque. Ver las olas del mar y sentir el agua salada. Ahí es donde normalmente lanza su polvo mágico sobre mi cabeza. Para lograr capturar algo de ese polvo mágico, tengo que cargar siempre mi lápiz y papel cuando hago excursiones o cuando viajo. De otra manera, si no anoto sus mensajes subliminales, los vuelvo a perder y es raro que me acuerde de su contenido.

Creo que uno tiene que llegar a conocer muy bien a su musa. Saber qué ambientes le gustan y en cuáles se siente segura para salir; para poder trabajar duro y habilitarle ese espacio que se merece; y claro, simplemente abrirle el camino.

¿Hay que esperar a que la musa llegue antes de empezar a crear?

En lo personal, creo que no. Uno tiene que ponerse en lo suyo cuanto antes. Lo importante es mantener la puerta abierta, de preferencia a la misma hora y en el mismo lugar e invocarla. Una vez que te encuentre, no dudará en llamar la puerta y asistirte con su magia, cuando la intención es verdadera.

“Cuando baje la inspiración, que me pille trabajando”- Pablo Picasso