¿Somos Adictos a la Basura?

Hablamos de «cambio climático», de reducir el «CO2» (La gran mayoría ni siquiera entiende la magnitud de fraude que existe en esa frase ) y de otros temas fashion del momento para creernos conscientes del mundo sustentable. Pero no nos hagamos tontos, aunque nos guste hablar de ser «green», nuestros hábitos nos muestran otra cara a la realidad:

  • México es el mayor consumidor de Coca-Cola en el mundo, con un promedio de 163 litros por personaal año de acuerdo a estudios de la Universidad Autónoma de México. Si pensamos que una lata de 355ml tiene 37 gramos de azúcar u -8 cucharadas- imagínate cuanta azúcar consumes al tomar una lata diaria al año … ¡nada más y nada menos que 3,700 aterradoras cucharadas ! Una vez intoxicado el cuerpo con montañas de azúcar que tiene efectos adictivos peores que la cocaína…pensemos ¿a dónde irán a parar los galones de plástico y latas después de haber injerido el veneno?
  • Estados Unidos es el mayor consumidor de comida chatarra en el mundo- siendo para el 36% de los Estadounidences adultos parte diaria de su dieta. No nos extraña que también sea uno de los países con mayor obesidad y peor salud a nivel mundial.
  • Una persona promedio pasa más de 7 horas enfrente de una pantalla, ya sea tablet, televisión, laptop o teléfono móvil, de acuerdo a una publicación de Forbes. Preciado tiempo perdido, que pudo haber sido aprovechado haciendo ejercicio, conectando con la familia, haciendo algo con las manos o paseando en la naturaleza.
  • El 5% de la población mundial es adicta al shopping – es decir, adictos a comprar cosas innecesarias, que terminan en la basura o arrumbados en un cajón olvidado la mayor parte de la vida útil de ese producto.

Podría seguir citando 40,000 estadísticas más, y las tendencias son las mismas: Cada vez hay más personas que abusan de todo lo que es nocivo para la salud. Cada vez hay más personas atrapadas en algún tipo de vicio- redes sociales, pensamientos negativos, dinero, atención, poder, depresión, miedo, consumismo chatarra, alcoholismo, hedonismo… la lista es interminable.

El tema de adicción a la chatarra es tan profundo como los hoyos negros- no nos damos cuenta cuando entramos al “ojo del huracán” y una vez dentro, no vemos la manera de salir.

Todas estas trágicas estadísticas y hechos se prestan para hacernos algunas preguntas.

Por ejemplo: ¿Porqué nos empeñamos a desarrollar adicciones destructivas para nuestra salud, poniendo en riesgo el bienestar propio, de nuestro entorno y nuestras familias? ¿Realmente somos culpables directos de la adicción al consumo chatarra, o hay alguien o algo detrás de este trágico capítulo en la humanidad?

Si observo al mundo, con los ojos bien abiertos, despierto a una realidad espeluznante:

Todos somos co-creadores de este mundo basura. Los pseudo artistas e influencers que promueven marcas basura tienen más dinero que los escritores o filósofos. Los carteles médicos que venden fármacos y tratamientos con tóxicos cuestionables sin demostrar suficientes pruebas clínicas- y las grandes multinacionales de comida chatarra- ganan más dinero que los pequeños negocios que buscan sostenerse con alimentos orgánicos o productos naturistas. Lo sabemos, pero a pesar de ello, seguimos apoyando a la industria chatarra e ignorando a la naturaleza y a la verdad.

Los políticos y empresarios corruptos son alabados mientras que los honestos y los que se atreven a hablar con la verdad son silenciados y hasta segregados de la “sociedad”.

Este es el mundo de locos, o el famoso “reino del revés”- el progreso es retroceso, lo bueno es malo y lo malo es bueno…

La verdad es lo que te dicen los políticos, la televisión, los tecnócratas y millonarios- y todo lo demás es “des-información”.

La salud son las vacunas y las medicinas- la no salud es aceptar la propiedad auto-curativa del cuerpo y los medios naturales.

Ciencia es censura, hermetismo y una narrativa única; la pseudo-ciencia es el cuestionarse todo y hacer pruebas rigurosas para probar o rechazar teorías y siempre mantener el debate abierto.

Las mujeres pueden declararse hombres y los hombres mujeres, si así lo “deciden”. La biología ya no es la verdad irrefutable de la definición básica del sexo.

Los virus se vuelven pandemias cuando los medios, el cartel médico y los políticos lo deciden. Y también se acaban una vez cerrado el negocio para pasar a la próxima calamidad.

Definitivamente, en este mundo del revés, reina la basura.

La humanidad es adicta a la chatarra.

Por eso es que cada vez estamos más enfermos, más sumisos, más perdidos y más alejados de nuestra naturaleza real.

Pero… no todo está perdido. Tengo esperanza que esto va a cambiar. Cada vez más vamos a ir despertando de este sueño (o más bien pesadilla) y vamos a empezar a ver lo que realmente es sublime e incalculablemente valioso en la vida: El amor, la naturaleza y todo lo que de ella proviene de forma pura y perfecta; la inteligencia infinita que mantiene nuestro entorno, la familia, las tradiciones de los pueblos, las pequeñas comunidades, el trabajo duro y la búsqueda incesante de la verdad. 

Nostalgia

¿Qué es lo que hace a alguien salirse de su madre patria y vivir en otro país?

Dejarlo todo: familia, a la madre, a tus amigos, a tu casa y a tu tierra: esa tierra que te vio nacer.

¿Dinero? ¿Oportunidades? ¿Felicidad? ¿Poder? ¿Amor? ¿Curiosidad?

Cada quién tendremos una respuesta diferente, si es que alguna vez la podemos responder.

Hace algunos años, pensaba que cualquier lugar puede ser tu hogar. Que el mundo y su vasto espacio es nuestra casa; que el ser humano tiene la capacidad de moldearse a las nuevas circunstancias de su entorno, aunque al inicio cueste trabajo; es cuestión de determinación y voluntad. Ahora pienso diferente. Ahora pienso que al único lugar al que realmente puedes llamarle hogar, es a ese pedazo de tierra en el que viviste tu infancia.

Cuando llegué a Suiza, pensé que el adaptarme sería pan comido. Cuando pisas estas tierras por primera vez, te enamoras de los hermosos paisajes, de la limpieza, el glamour y el perfecto orden… del aire de tranquilidad que se respira. Pensé, ¿Quién no puede sentirse en casa en el paraíso? Y sí te adaptas por un tiempo. Pero después, me di cuenta que como dice el dicho “Podéis arrancar al hombre de su país, pero no podéis arrancar el país del corazón del hombre”…

Para mí, México es la madre patria,

con sus colores vivos;

sus olores exóticos y vulnerables,

bendecida por los rayos de sol.

Bendita mi patria

de cielo siempre azul,

con su magia y su música,

sus miserias y mi amor.

El que niega su patria

no se conoce a sí mismo;

no sabe que sus raíces son lo único real.

Cuando cierro los ojos,

veo su caos, sus tormentos y huracanes;

mis sueños rotos de adolecente,

y mis realidades de vida adulta.

A veces, hay que ver a la patria desde lejos, para darse cuenta que realmente uno nunca se fué. Es como llevar a tu madre a todas partes, aunque no la soportas la mayor parte del tiempo, tampoco puedes vivir sin ella.

Algunas personas me dicen que no sienten amor por su patria, o que no se sienten orgullosos de sus raíces. Que se sienten más identificados con su país adoptivo o incluso, otras culturas que nunca han experimentado. A esas personas les digo: Tienes una tarea, y esa tarea es mirarte fijamente al espejo y descubrir quién eres.

Una persona sin amor a su propia patria, en mi opinión, no ha terminado de amarse y conocerse así misma.

A veces, las vidas humanas van en círculos. Empiezas en un punto de partida; piensas que una vez que partas, nunca volverás; vuelas lejos… y de pronto, llegas a un límite… no es un límite físico, un pedazo de tierra o una valla metálica; es un soplo en el corazón, un zumbido tímido en el pecho; un desgane inexplicable al momento de levantarte cada mañana y no saber de dónde viene.

Heimweh?

Homesick?

Heimweh… interesante palabra. Traducida del alemán sería “Hogar-dolor” y Homesick en inglés “Enfermo-Hogar”

¿Se puede enfermar uno de dolor de patria?

En español, le llamamos nostalgia.

Cuando se vive lejos, hay que darse cuenta cuando una pequeña depresión de días se convierte en una señal clara de que llegaste al límite; que el círculo sigue la línea en circunferencia… y es momento del regreso. 

¿Volver?

Sí, volver.

Justo a dónde empezaste, y cerrar el círculo.

Si vives fuera de tu país cuéntame, ¿Has sentido “Heimweh”?

¿Qué te animó a salirte de tu país?

¿Volverías algún día?

Cuéntame tu experiencia 🙂

¿Estamos Perdiendo Nuestra Humanidad?

Cada día se me dificulta más ver las noticias, tener pláticas decentes con la gente. Parece que el menú de la semana siempre es el mismo: Pandemia, guerras, política e ideologías varias, élites mundiales que se juntan en lugares de lujo para hablar sobre “mejorar el planeta”, cambio climático, crisis energética, crisis económicas, en fin. Pan con lo mismo. Hace tiempo que dejé de ver televisión para evitarme la indigestión.

En realidad, me preocupa, que tantos millones de personas confíen en los noticieros como “el ministerio de la verdad”- e ignoren la verdadera realidad: La que se presenta ante nuestros ojos, si nos quitamos las gafas del dogma y dejamos de participar en el teatro en donde nos tratan como marionetas. En mi mundo, yo sólo veo gente que, como yo, prefieren la paz. Gente de buen corazón, que quiere ayudar a los demás. Me cuesta mucho trabajo creer que en realidad seamos una especie que le guste estar en conflicto y en el miedo constante, y que necesitemos de “gobiernos paternales” para mantener el orden y la paz. 

Algo en mí me hace pensar que nuestra situación en la actualidad no tiene que ver con que seamos conflictivos por naturaleza, ni que seamos los culpables absolutos de todas nuestras calamidades. Más bien creo que se trata de una crisis de identidad. Estamos perdiendo nuestra identidad real- la conexión más sagrada, que es el sentimiento de pertenencia con todo nuestro entorno; con los árboles que nos permiten respirar, con el sol que nos da energía para vivir, con la tierra que nos regala alimento y un hogar. Con el agua, ese misterioso líquido, el líquido de Dios- el verdadero elixir de vida. 

Nos estamos perdiendo en un mundo paralelo construido de materiales sintéticos- castillos de arena, mundos falsos, ideologías tenebrosas. Estar pegados a unas pantallas para sentir que “pertenecemos” al mundo se ha vuelto nuestro día a día. ¿Cuándo fue la última vez que te atreviste a salir de tu casa sin tu móvil? ¿Todavía sabes encontrar direcciones sin la ayuda del GPS? ¿Marcar a un amigo sin buscar su número en el teléfono o usar el WhatsApp? ¿Hacer amigos “a la antigua” sin usar Facebook, Instagram o Twitter?

¿Cuántas horas al día nos la pasamos en frente de pantallas? 

La tecnología puede ser muy útil en muchos sentidos, pero entre más pienso en ello, más siento que el uso indiscriminado que le estamos dando nos está aventando a un agujero negro, sin punto de retorno. Estamos cambiando nuestro estado psíquico, psicológico y fisiológico. Estamos regalando nuestra identidad a los dueños de la tecnología.

Sin la ayuda de nuestros aparatitos, nos sentimos más lentos, más impacientes, más ansiosos, más nerviosos. También creo que más tristes.

Yo crecí todavía en los últimos años gloriosos a finales de los 90’s, cuando tener una computadora era un lujo y ni se diga un celular. Todos mis amigos del alma, los conocí en la escuela o en la calle, sin móviles de por medio. Platicábamos por horas sobre nuestras vidas. Íbamos a fiestas y conocíamos a más amigos simplemente estableciendo contacto visual y sonriendo. Esa es la verdadera conexión humana- la mirada, la sonrisa. 

Ahora, no podemos ver sonrisas- sin antes someterse a vacunas o mandatos del gobierno. No podemos ver miradas- todas están atrapadas en los móviles. Ahora, cuando salgo a caminar, simplemente veo sobras. Las sobras de lo que fuimos.

Pero no pierdo la esperanza. Sé que no nos pueden dejar tanto tiempo atrapados, sin nuestra humanidad. Confío en que nuestros espíritus están comenzando una revolución, para manifestarse como debe ser. Tengo la Fe absoluta que, aunque estemos perdidos en este momento, vamos a retomar nuestro camino. Vamos a volver a abrazarnos, a confiar los unos a los otros. Sueño en ese día que nos quitemos las máscaras falsas de raza, ideología, clases divisorias de todo tipo, y simplemente nos reconozcamos como lo que somos: Uno, al unísono, uno con el mundo y con todas sus maravillas. Expresiones únicas del todo. La chispa de lo único, de lo hermoso y de lo divino lo encontramos en nuestra forma humana en dos lugares: Nuestra sonrisa y nuestra mirada.

Quítate ya la mascarilla. Apaga tu teléfono. Mírame, Mirémonos.

Hoy lo necesitamos más que nunca.

Reflexiones de Año Nuevo: En Busca del Sentido

“Es difícil encontrar la felicidad en uno mismo, pero es imposible encontrarla en cualquier otro lugar”- Arthur Schopenhauer

Este año está por terminar. Como es costumbre ya, me gusta reflexionar sobre lo que este año trajo a nuestras vidas, cuáles son las lecciones que nos deja para seguir creciendo.

Está más que claro que no fue un año común para la humanidad.

Cosas que nos parecían totalmente normal en nuestra forma de vivir en sociedad de pronto se vuelven una fuente de miedo e incertidumbre; como si surgiera de la nada un peligro invisible que se propaga entre más queramos convivir, entre más nos aferremos a volver a la normalidad que conocemos.

Pero mi propósito no es hablar sobre esta nueva normalidad; tema que ya conversaré en un post futuro. Hoy quisiera reflexionar y compartir con ustedes algo que me ha ayudado a alcanzar una profunda paz y a mantenerme positiva y firme a pesar de los pronósticos (muy a menudo desalentadores) que nos venden en las noticias. Se trata de re-encontrarse con uno mismo y conectar de nuevo con el sentido de la vida.

Cuando vivimos sometidos a un estrés perpetuo, y ante situaciones de incertidumbre durante un tiempo prolongado, algunos de nosotros tendemos a sentir de pronto un vacío existencial.

Ese vacío se siente como un estado de tedio- es una sensación que oscila entre aburrimiento y estrés. Al no ver con claridad qué es lo que va pasar en el futuro inmediato, nos podemos sentir un poco paralizados- sin ganas de hacer grandes planes, y de buscar nuestra motivación con la certeza, o al menos la esperanza, de que las cosas sucederán tal y como lo esperamos.

En este tipo de situaciones, es cuando más necesitamos reconectarnos con nuestro interior;  cuestionar de nuevo esas preguntas difíciles, que a no todos nos gusta pensar a consciencia: ¿Cuál es el motor que nos mantiene con vida?; ¿Qué es lo que nos hace levantarnos cada mañana?, Si no podemos controlar nuestro destino o las situaciones que nos suceden, entonces, ¿Cuál es el sentido de la vida?

Enfrentarnos con estas preguntas no es nada fácil; como tampoco lo es tratar de responderlas. A veces, quisiéramos encontrar una respuesta abstracta universal que lo justifique todo. Tal vez es mas fácil darle esa responsabilidad de responder y dar sentido a nuestras vidas a fuerzas externas que parecen menos vulnerables que nosotros.

Yo soy de la creencia que la existencia humana no tiene un sentido colectivo que sea la absoluta verdad para todos. Creo que cada uno de nosotros tenemos un fin único, una misión que cumplir, que no puede ser reemplazada por nadie más. Las circunstancias únicas de nuestras vidas nos hacen aptos para responder ante la vida como solamente uno mismo puede hacerlo; nadie más puede vivir la vida de alguien más, ni una persona puede nunca reemplazar a nadie más. Eso nos hace seres únicos e irrepetibles.

¿En dónde empezar entonces a buscar, o re-encontrar ese sentido?, ¿Es algo que puedo definir como individuo o viene de otra parte?

Coincido con Victor Frankl,padre de la logoterapia, tercera escuela Vienesa de la Psicoterapia, quien propone que el sentido de la vida no es algo que se inventa por uno mismo, si no que uno mismo lo descubre. Según la logoterapia, hay tres maneras de descubrirlo:

1) Realizando una acción

2) Aceptando los dones de la existencia, como el amor

3) A través de dignificar el sufrimiento

En cuanto a la primera propuesta, las acciones concretas y cotidianas pueden llegar a completar el sentido de nuestra existencia cuando asumimos la responsabilidad y la consciencia de que los frutos de aquellas acciones van a definir quiénes somos y cuál es la huella que dejamos en el mundo. Como diría Frankl “Un hombre que se vuelve consciente de su responsabilidad ante quien lo guarda con todo su corazón, o ante una obra por terminar, nunca será capaz de tirar su vida por la borda”.

Como segunda modalidad, aceptar los dones de la existencia significa tener la capacidad de admirar la belleza del mundo y dejarse llevar por los sentimientos más sublimes que nos ofrece esta vida; siendo el amor el más poderoso de ellos. El amor es la vía única para poder llegar a conocernos profundamente y conocer a los demás.

La tercera modalidad, sucede cuando hay que enfrentarse a situaciones devastadoras, irrevocables y cuando no tenemos ningún poder de cambiar las circunstancias, como una enfermedad grave o la muerte de un ser querido. En estas situaciones la vida aún ofrece una manera de poder ejercer un valor personal supremo: Aceptar el sufrimiento, darle un sentido. No se trata de dejarse llevar por el sufrimiento o rendirse ante él; más bien se trata de ofrecer una respuesta que dignifique la existencia; es una actitud; una manera de responder ante la vida.

Un famoso dicho popular describe bastante bien esta última modalidad: “si la vida te da limones, haz una limonada”

Al final de cuentas, la libertad interior de elegir que hacer ante cualquier circunstancia, es algo que nadie te puede arrebatar, y precisamente esa libertad interior es la que confiere a la vida   intención y sentido.

Nosotros somos los arquitectos de nuestro destino.

Deseo que el próximo año, aproveches el potencial de oportunidades que se te presenten para seguir adelante con tu proyecto único de vida. Son precisamente esas cosas que consideramos cotidianas: Los amores, los proyectos, obligaciones, amistades, nostalgias y sueños, los que completan el sentido de nuestras vidas.

“Lo que un hombre necesita no es vivir sin tensión, si no esforzarse y luchar por una meta que merezca la pena”- Victor Frankl

¡Feliz Año Nuevo!