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Sanar el mundo empieza por ti


Porque la verdadera revolución es interna.

Vivimos en un mundo que grita por cambio. Un planeta herido por el caos, la violencia, la desconexión y el miedo. Vemos guerras, crisis ambientales, relaciones rotas y una carrera constante hacia un éxito vacío. Y aunque parezca que el problema está “allá afuera”, la verdad más incómoda —y liberadora— es esta:

No podemos sanar el mundo si antes no sanamos la relación con nosotros mismos.

Sí. La paz que anhelamos fuera comienza en el silencio de nuestro interior. La compasión que exigimos a otros nace del amor propio. La armonía colectiva se construye desde la coherencia personal.

“Sanar internamente no es sólo una elección individual, es un compromiso con el bienestar colectivo.”
(La Mentalidad del Éxito, Paola Knecht)

¿Por qué es tan importante la relación contigo mismo?

Porque tú eres el primer territorio que habitas. Tu mente, tu cuerpo, tu corazón: son el espacio desde donde interpretas el mundo. Si estás en guerra contigo mismo, vivirás en guerra con todo lo demás. Si te castigas con juicios constantes, expectativas inalcanzables y autodesprecio, verás enemigos en cada espejo.

En cambio, cuando aprendes a tratarte con ternura, con paciencia, con respeto, tu mirada hacia el mundo cambia. Ya no necesitas tener la razón todo el tiempo. Ya no reaccionas desde la herida. Empiezas a escuchar más, a comprender más, a vivir más en presente.

“Tu visión del mundo no depende de lo que te sucede, sino de cómo estás contigo mismo en ese proceso. Lo que cultivas dentro se refleja fuera.”
(La Mentalidad del Éxito, Paola Knecht)

Sanarse no es egoísmo. Es responsabilidad.

Nos enseñaron que pensar en uno mismo es egoísta. Que cuidarnos, poner límites o detenernos a escuchar nuestras emociones es un lujo. Pero no es así.

Cuidarte es un acto revolucionario. Sanarte es un acto de responsabilidad social.

Porque cuando tú estás bien, no necesitas lastimar a otros para sentirte valioso. No necesitas competir para sentirte suficiente. Cuando estás en paz contigo, llevas paz a tus relaciones. Te conviertes en un ser humano consciente, compasivo, con la capacidad de aportar luz en lugar de sombra.

Los líderes que transforman el mundo no son los que acumulan más poder, sino los que han hecho el trabajo profundo de mirarse dentro, de confrontar sus sombras, de sanar sus heridas.

“La disciplina emocional comienza cuando dejamos de reaccionar desde la herida y aprendemos a responder desde la conciencia.”
(Los Secretos de la Disciplina, Paola Knecht)

¿Cómo se empieza a sanar?

Sanar la relación contigo mismo no es algo que ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso, a veces doloroso, pero siempre liberador. Aquí algunas claves:

  1. Escucha tu diálogo interno.
    ¿Cómo te hablas? ¿Eres tu peor juez o tu mejor aliado? Las palabras que usas contigo construyen (o destruyen) tu autoestima.
  2. Practica el perdón.
    Perdónate por no saber antes lo que hoy sabes. Por decisiones pasadas. Por los momentos en que actuaste desde el miedo.
  3. Siente sin censura.
    No hay emociones “malas”. La tristeza, la rabia, la culpa… todas traen mensajes. Escúchalas sin reprimirlas ni juzgarlas.
  4. Conéctate con tu cuerpo.
    Tu cuerpo guarda memorias emocionales. Camina, respira, medita, abraza… vuelve a habitarlo con amor.
  5. Rodéate de verdad.
    Personas, espacios y conversaciones que te nutran, no que te drenen. Tú eliges tu entorno.
  6. Pide ayuda.
    Sanar no es un camino solitario. Un terapeuta, un coach, un mentor, pueden acompañarte a ver lo que aún no puedes ver.

“Tener éxito personal es tener el valor de vernos por dentro y elegir el cambio. Sanarse no es debilidad, es madurez emocional.”
(La Mentalidad del Éxito, Paola Knecht)

El mundo necesita más personas sanas, no más personas perfectas.

No se trata de ser impecable. Se trata de ser real. De asumir nuestra humanidad. De dejar de proyectar nuestras heridas en los demás. De ser responsables de nuestro proceso emocional y energético.

“La verdadera disciplina está en sostenernos a nosotros mismos con amor, incluso en medio del caos.”
(Los Secretos de la Disciplina, Paola Knecht)

Cuando tú sanas, liberas a otros de cargar con tus heridas. Y al mismo tiempo, les das permiso para hacer lo mismo. Tu transformación inspira. Tu paz contagia. Tu amor propio se expande.

La transformación global es posible.

Pero empieza por casa.
Y tu casa eres tú.

Imagina un mundo donde las personas se traten con la misma ternura con la que cuidarían a un niño. Imagina gobiernos liderados por seres humanos emocionalmente sanos. Imagina relaciones donde el diálogo reemplace al juicio, donde el amor no sea dependencia, y donde la empatía sea la norma.

Ese mundo no es una utopía. Es el reflejo de una humanidad que se atreve a mirar dentro. Que se atreve a romper patrones. Que se atreve a sanar.

Y esa revolución comienza contigo

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PAOLA KNECHT es una coach certificada en liderazgo, transformación y desarrollo personal,  autora de La Mentalidad del Éxito , Los Secretos de la Disciplina Un Mundo de Ilusiones. Puedes obtener más información en www.paolaknecht.com

 

Los 10 Pilares de la Mentalidad del Éxito

¿Qué diferencia a las personas exitosas del resto? No es solo su talento o su suerte, sino su mentalidad. La forma en que piensan, actúan y responden ante los desafíos determina su camino. En mi libro La Mentalidad del Éxito, exploro a fondo los principios que guían a las personas exitosas. Aquí te comparto los 10 pilares fundamentales para desarrollar una mentalidad de éxito:

1. Claridad de propósito
Tener una visión clara de lo que deseas lograr es esencial. Define tus objetivos con precisión y asegúrate de que cada acción que tomes esté alineada con ellos.

2. Disciplina y hábitos consistentes
El éxito no es cuestión de motivación momentánea, sino de constancia. Crear hábitos positivos y mantener la disciplina te llevará más lejos que cualquier impulso temporal.

3. Resiliencia ante los fracasos
El fracaso es parte del proceso de crecimiento. Aprende de cada tropiezo, ajústalo como una lección y sigue adelante con más fuerza y experiencia.

4. Mentalidad de crecimiento
Las personas con éxito creen en su capacidad de mejorar. No ven las habilidades como algo fijo, sino como algo que pueden desarrollar con esfuerzo y aprendizaje continuo.

5. Gestión emocional y autoconfianza
Controlar tus emociones y confiar en ti mismo es clave. La inteligencia emocional te permite tomar decisiones acertadas sin que el miedo o la duda te paralicen.

6. Enfoque en soluciones, no en problemas
El éxito llega cuando diriges tu energía hacia encontrar respuestas en lugar de quedarte atrapado en las dificultades. Una actitud proactiva marca la diferencia.

7. Adaptabilidad y flexibilidad
El mundo cambia constantemente, y los más exitosos son aquellos que pueden adaptarse sin perder su esencia. La capacidad de reinventarse es un activo invaluable.

8. Entorno que impulse el crecimiento
Las personas con las que te rodeas influyen en tu mentalidad. Rodéate de personas que te inspiren, te motiven y te desafíen a ser mejor.

9. Compromiso con el aprendizaje constante
Nunca dejes de aprender. El éxito no es un destino, sino un proceso de evolución continua. Leer, estudiar y buscar mentores te mantendrá en crecimiento.

10. Acción masiva y consistente
El pensamiento sin acción no genera resultados. Para lograr el éxito, es necesario actuar de manera decidida y persistente, sin esperar el momento «perfecto».

Adoptar estos pilares no sucede de la noche a la mañana, pero cada paso en esta dirección te acercará a la vida que deseas. Si quieres profundizar en estos principios y aprender estrategias prácticas para aplicarlos, te invito a leer La Mentalidad del Éxito. ¿Cuál de estos pilares resuena más contigo? ¡Déjamelo saber en los comentarios!

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PAOLA KNECHT es una coach certificada en liderazgo, transformación y desarrollo personal,  autora de La Mentalidad del Éxito y Un Mundo de Ilusiones. Puedes obtener más información en my-mindpower.com.

 

Despierta Tu Motor Interior: 7 Estrategias para Reactivar Tu Motivación Cuando Sientes que no Tienes Ánimo

¿Alguna vez te has sentido atrapado en una rutina, sin la motivación para hacer las cosas? Todos hemos estado ahí. Ya sea en el trabajo, en los estudios o en proyectos personales, sentirse bajo de ánimo puede ser increíblemente frustrante. Pero no te preocupes, ¡Tiene solución! Quisiera compartir contigo algunas estrategias poderosas para encender esa llama dentro de ti y volver al camino correcto.

1. Visualiza Tu Éxito

Cierra los ojos e imagínate alcanzando tus objetivos. Visualiza cada detalle: la sensación de logro, la alegría, la satisfacción. La visualización puede ser una herramienta poderosa para reavivar tu motivación al recordarte por qué empezaste en primer lugar.

2. Divide las Tareas

Las tareas grandes pueden ser abrumadoras, lo que lleva a una falta de motivación. Divídelas en pasos más pequeños y manejables. Concéntrate en completar un paso a la vez, celebrando cada pequeña victoria en el camino. Antes de que te des cuenta, habrás conquistado toda la tarea.

3. Encuentra tu Porqué

Reconéctate con tu propósito. Recuerda por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Ya sea para alcanzar un objetivo personal, proveer para tu familia o hacer una diferencia en el mundo, saber tu «porqué» puede reavivar tu pasión y motivación.

4. Establece Metas S.M.A.R.T.

Asegúrate de que tus metas sean Específicas, Medibles, Alcanzables, Relevantes y con Tiempo definido. Las metas claras y bien definidas proporcionan dirección y un sentido de propósito, lo que facilita mantener la motivación y concentración.

5. Rodéate de Positividad

Rodéate de personas positivas que te levanten y te inspiren. Ya sean amigos, familiares o mentores, estar cerca de influencias positivas puede impulsar tu motivación y determinación. Evita a las personas tóxicas.

6. Toma Descansos

A veces, la falta de motivación puede ser un signo de agotamiento. Es importante tomar descansos y priorizar el autocuidado. Date permiso para descansar y recargar energías, sabiendo que volverás más fuerte y motivado.

7. Empieza Pequeño, agarra Impulso

Si te cuesta empezar, comienza con algo pequeño. Lograr incluso la tarea más pequeña puede crear un efecto dominó, construyendo impulso y aumentando tu motivación para enfrentar desafíos más grandes.

En pocas palabras…

Sentirse bajo de ánimo es una experiencia común, pero no tiene por qué detener tu progreso. Al implementar estas estrategias, puedes reactivar tu motivación y tomar medidas decisivas hacia tus objetivos. Recuerda, la motivación no es un estado constante; es una habilidad que se puede desarrollar y cultivar con el tiempo. Entonces, respira profundamente, cree en ti mismo y da ese primer paso hacia una vida más motivada y plena.

¿Listo para despertar tu impulso interior? ¡Vamos a hacerlo!

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PAOLA KNECHT es una coach certificada en liderazgo, transformación y desarrollo personal,  autora de <<The Success Mindset: Take Back the Leadership of Your Mind>> y <<Un Mundo de Ilusiones>>. Puedes obtener más información en my-mindpower.com.

Trabaja en tus sueños

Hoy reflexiono sobre la importancia de tomar enserio nuestros sueños.  Parece ser que la norma moral por la que nos regimos los humanos es por seguir el estatus quo, lo que nos han enseñado a ser y a creer toda nuestra vida. De niños tenemos la noción – y la ilusión- de algún día poder manifestar ese sueño de SER, ese que se aparece de pronto durante el juego; la esencia escondida que se asoma tímidamente cada que bailamos frente al mar, o cuando cantamos en la ducha y dedicamos monólogos enteros al espejo cuando creemos que nadie nos ve.

El deber ser, se nos vende como algo colectivamente moral- debes ser alguien- alguien que es últil a la sociedad, alguien que puede ganarse la vida, y que puede contribuir al consumismo de la sociedad moderna. Aprendemos que el creer en nuestros sueños es algo absurdo, fuera de lo “normal”. Hemos normalizado la estandarización de las almas humanas. Si no eres una persona “normal” que no participa en la carrera colectiva de 9 a 5, entonces eres raro, inadaptado social, teórico de la conspiración (si criticas el gobierno o a cualquier institución de poder), y simplemente no tienes claras las reglas del juego.

Pero ¿Cuál es el precio que pagamos, cada vez que decides hacer algo que no es congruente con tus sueños y con quien realmente eres?

El precio a pagar suele ser muy caro, incluso impagable. En el intento de ganar esta carrera de consumo y de aparentar ser quien no se es, disfrazados de Louis Vuitton, o Chanel, creemos que una vez que estamos económicamente bien, ya hemos alcanzado el estatus quo aceptable para la sociedad. Pero hay algo siniestro detrás de todo esto. Cada vez que haces algo que te hace sentir presionado, humillado y débil, estás dándole el poder al opresor. Estás siendo parte de una tiranía en contra de ti mismo y de tu alma. 

Muy pocas personas toman realmente enserio las sensaciones que el cuerpo les manda cuando algo no está bien- el sentimiento de pesadez e irritabilidad cada Lunes por la mañana no viene de la “flojera” de ir a trabajar. Es una manifestación silenciosa pero real que algo no está bien, que algo no cuadra en tu interior. Tal vez ese trabajo que tienes no te gusta ni te satisface del todo- quizás es demasiado aburrido, o el ambiente de trabajo es opresivo y tóxico, al grado que el simple hecho de saber que tienes que lidiar con esas personas te causa nervios y ansiedad.

Tal vez estamos en un trabajo en donde lo que hacemos no nos llena el corazón de orgullo. Tal vez eres líder de un equipo de trabajo y aunque el título suene elegante como “Líder de proyectos estratégicos” o “Director de transformación digital”- en realidad no se trata más que de leer interminables emails, resolver dramas, pasarte todo el día atado a un escritorio- vendiendo tu alma por el saldo que recibes cada mes- ese es el valor de tu alma, comprada para producir y hacer un trabajo que de otra forma nadie haría.

Trabajar en tus sueños en el mundo actual, es algo revolucionario. Es ir en contra de la tiranía y la opresión. Trabajar en ese maravilloso pero desafiante camino de descubrir quién eres y tener el coraje de mostrarlo al mundo requiere de mucho trabajo interno. Tienes que aprender a discernir sobre las opiniones ajenas y encontrar tu propia opinión. Organizar tu mente y ser capaz de comunicar y transmitir lo que sientes de una manera en la que puedes ser capaz de responder con fuerza y determinación cuando la tiranía se impone y la mayoría calla.

Ser uno mismo es cuestión de amor, disciplina y Fé. El amor es la fuerza transformativa y creadora del universo- Ignorar su influencia en nuestra vida es ir en contra de las leyes naturales de la creación- de la inteligencia infinita y organizadora.

Es por eso que es nuestra responsabilidad ética y moral, tomar enserio nuestros sueños.  Darles la importancia y el lugar que realmente tienen en nuestra vida: Nuestros sueños representan el potencial humano – nuestra máxima capacidad de SER.

Trabaja en tus sueños… o terminarás siendo el actor secundario, el “extra” de la película, sin pena y sin gloria.

La mejor arma para la salud: Enamorarse de la vida

Uno de los anhelos más grandes de la humanidad, es contar con buena salud. Una buena salud significa tener energía abundante para poder vivir la vida a plenitud y sentir entusiasmo por nuestros proyectos de vida.

La verdad es que el cuerpo fue diseñado de forma perfecta. Dios hizo un trabajo sublime, de perfección inentendible para nuestro pobre y primitivo entendimiento. Pero la verdad siempre sale a la luz, y espero que todos nos demos cuenta que nuestro cuerpo se repara a sí mismo y lo único que tenemos que hacer es darle los “materiales correctos” para regenerarse, como decía el maravilloso doctor Frank Suárez.

Los materiales correctos son precisamente los alimentos. Pero para sentir entusiasmo y tener las ganas y determinación de comer las cosas correctas, se necesita en mi opinión, tener un amor profundo por la vida y el deseo de conocimiento de uno mismo.

Cuando sentimos apatía por la vida, cuando creemos que nuestro cuerpo es “ajeno” a nosotros y no entendemos lo que “pasa por dentro”, caemos víctimas de industrias mafiosas que se aprovechan de la ignorancia y la facilidad de manipulación de las personas para hacer sus negocios redondos. Persona sana= Cliente perdido. Persona enferma=Cliente de por vida. No necesito explicar más.

Tener entusiasmo por la vida, sentir que nuestro cuerpo es perfecto tal y como es, nos motiva a buscar opciones más acordes con nuestra naturaleza para poder mantenernos sanos y vigorosos. Si realmente amas tu cuerpo, vas a buscar incansablemente el alimento y los hábitos que lo hagan mantenerse de forma óptima. Vas consumir menos o eliminar totalmente comidas chatarra como los panes, cereales procesados, azúcares procesados, pastas, la coca-cola… y vas a optar por más proteínas sanas, magnesio, potasio y colesteroles sanos.

Cuando amas tu cuerpo vas a cuidarlo bien, y vas a evitar caer en excesos. Vas a procurar no sobre-estresarlo, ni excitar el sistema nervioso de tal manera que cause un estrés irremediable. 

Recuerda que no hay nada ni nadie por encima de tu salud. Ningún trabajo, ninguna persona, ninguna circunstancia tiene más peso o valor que la salud, que es la vida misma. Yo como madre de dos pequeños sé que es difícil darse prioridad, piensas que primero es la salud de tus hijos antes que tu propia salud, por ejemplo. Es verdad que amamos a nuestros hijos por sobre todas las cosas, pero si te descuidas, caes en enfermedad y una mamá enferma no va a dar el mismo desempeño y atención a sus hijos que una mamá sana, vital y tranquila.

La vida es movimiento, un cuerpo sano se mueve con energía. Una vida sedentaria, sin mucha actividad es muy parecido a la muerte. Cuando estás enamorado de la vida, quieres vivirla a plenitud, hacer muchas cosas, conocer las verdades del mundo, viajar, experimentar… la curiosidad no tiene límites.

Una de las capacidades más increíbles que tenemos los humanos es justamente la capacidad de convertir energía en vida, en movimiento. Cuando cumplimos nuestras metas, estamos materializando nuestro amor y entusiasmo por la vida, convirtiendo esa energía mental en algo tangible.

Por eso es tan importante mantenerse en un estado de alta vibración positiva lo más posible: El que vibra alto y positivamente construye una realidad acorde con esa energía- construyes tus sueños, logras tus metas, te sientes en paz y en armonía con el mundo.

Cuando piensas negativo, toda esa frecuencia pesada de la negatividad te hunde y te bloquea- la energía se bloquea, flota densa y entonces se materializa en problemas, falta de salud, falta de motivación, flojera, desgane.

Reflexionemos un poco. Enamorémonos de la vida.  El mundo no es una escuela fácil y está llena de trampas, de falsas ilusiones. Pero el amor es la mejor guía. El amor nos conduce a la verdad… y la verdad siempre triunfa.

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PAOLA KNECHT es una coach certificada en liderazgo, transformación y desarrollo personal,  autora de The Success Mindset: Take Back the Leadership of Your Mind y Un Mundo de Ilusiones. Puedes obtener más información en my-mindpower.com.

Mi Religión Es…

«Se me dirá: ¿Cual es tu religión?

Y yo responderé:

Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad,

aún a sabiendas de que no he de encontrarla mientras viva;

mi religión es luchar incesantemente e incansablemente con el misterio;

mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche

como dicen que con El luchó Jacob…

Es obra de misericordia suprema despertar al dormido y sacudir al parado,

y es obra de suprema piedad religiosa buscar la verdad en todo y descubrir donde

quiera el dolo, la necedad y la inepcia».

A memoria del gran Salvador Freixedo y de Miguel de Unamuno, me uno a la incansable lucha.

Sé que duele, pero duele mucho mas tener abiertos los ojos y pretender no ver. Para una alma despierta simplemente no hay marcha atrás.

El miedo no es el camino para llegar a Dios.

¿Estamos Perdiendo Nuestra Humanidad?

Cada día se me dificulta más ver las noticias, tener pláticas decentes con la gente. Parece que el menú de la semana siempre es el mismo: Pandemia, guerras, política e ideologías varias, élites mundiales que se juntan en lugares de lujo para hablar sobre “mejorar el planeta”, cambio climático, crisis energética, crisis económicas, en fin. Pan con lo mismo. Hace tiempo que dejé de ver televisión para evitarme la indigestión.

En realidad, me preocupa, que tantos millones de personas confíen en los noticieros como “el ministerio de la verdad”- e ignoren la verdadera realidad: La que se presenta ante nuestros ojos, si nos quitamos las gafas del dogma y dejamos de participar en el teatro en donde nos tratan como marionetas. En mi mundo, yo sólo veo gente que, como yo, prefieren la paz. Gente de buen corazón, que quiere ayudar a los demás. Me cuesta mucho trabajo creer que en realidad seamos una especie que le guste estar en conflicto y en el miedo constante, y que necesitemos de “gobiernos paternales” para mantener el orden y la paz. 

Algo en mí me hace pensar que nuestra situación en la actualidad no tiene que ver con que seamos conflictivos por naturaleza, ni que seamos los culpables absolutos de todas nuestras calamidades. Más bien creo que se trata de una crisis de identidad. Estamos perdiendo nuestra identidad real- la conexión más sagrada, que es el sentimiento de pertenencia con todo nuestro entorno; con los árboles que nos permiten respirar, con el sol que nos da energía para vivir, con la tierra que nos regala alimento y un hogar. Con el agua, ese misterioso líquido, el líquido de Dios- el verdadero elixir de vida. 

Nos estamos perdiendo en un mundo paralelo construido de materiales sintéticos- castillos de arena, mundos falsos, ideologías tenebrosas. Estar pegados a unas pantallas para sentir que “pertenecemos” al mundo se ha vuelto nuestro día a día. ¿Cuándo fue la última vez que te atreviste a salir de tu casa sin tu móvil? ¿Todavía sabes encontrar direcciones sin la ayuda del GPS? ¿Marcar a un amigo sin buscar su número en el teléfono o usar el WhatsApp? ¿Hacer amigos “a la antigua” sin usar Facebook, Instagram o Twitter?

¿Cuántas horas al día nos la pasamos en frente de pantallas? 

La tecnología puede ser muy útil en muchos sentidos, pero entre más pienso en ello, más siento que el uso indiscriminado que le estamos dando nos está aventando a un agujero negro, sin punto de retorno. Estamos cambiando nuestro estado psíquico, psicológico y fisiológico. Estamos regalando nuestra identidad a los dueños de la tecnología.

Sin la ayuda de nuestros aparatitos, nos sentimos más lentos, más impacientes, más ansiosos, más nerviosos. También creo que más tristes.

Yo crecí todavía en los últimos años gloriosos a finales de los 90’s, cuando tener una computadora era un lujo y ni se diga un celular. Todos mis amigos del alma, los conocí en la escuela o en la calle, sin móviles de por medio. Platicábamos por horas sobre nuestras vidas. Íbamos a fiestas y conocíamos a más amigos simplemente estableciendo contacto visual y sonriendo. Esa es la verdadera conexión humana- la mirada, la sonrisa. 

Ahora, no podemos ver sonrisas- sin antes someterse a vacunas o mandatos del gobierno. No podemos ver miradas- todas están atrapadas en los móviles. Ahora, cuando salgo a caminar, simplemente veo sobras. Las sobras de lo que fuimos.

Pero no pierdo la esperanza. Sé que no nos pueden dejar tanto tiempo atrapados, sin nuestra humanidad. Confío en que nuestros espíritus están comenzando una revolución, para manifestarse como debe ser. Tengo la Fe absoluta que, aunque estemos perdidos en este momento, vamos a retomar nuestro camino. Vamos a volver a abrazarnos, a confiar los unos a los otros. Sueño en ese día que nos quitemos las máscaras falsas de raza, ideología, clases divisorias de todo tipo, y simplemente nos reconozcamos como lo que somos: Uno, al unísono, uno con el mundo y con todas sus maravillas. Expresiones únicas del todo. La chispa de lo único, de lo hermoso y de lo divino lo encontramos en nuestra forma humana en dos lugares: Nuestra sonrisa y nuestra mirada.

Quítate ya la mascarilla. Apaga tu teléfono. Mírame, Mirémonos.

Hoy lo necesitamos más que nunca.

¿Cuál es el Sentido de Ganar o Perder?

Recuerdo muy bien aquellos veranos, esas tardes de tráfico densas en mi ciudad natal de Monterrey, cuando mi madre manejaba de regreso a casa y me llevaba en el asiento de a lado. Lo único bueno de estar varado en tráfico era escuchar música. No sé porqué, pero hace poco me llegó este recuerdo a la mente, como un susurro al oído. De pronto, me visualicé de nuevo de niña; sentada alado de mi madre, esperando que el semáforo cambie a verde para por fin poder avanzar, mientras escuchaba mi estación de radio favorita. De pronto, una voz ronca interrumpe la canción del momento “Pies Descalzos” de Shakira (Sí, el hit de los 90’s!) esa voz comienza a decir: “Son las seis de la tarde. Este es un momento de reflexión…. ¿Dé qué le sirve al hombre ganarse al mundo entero, si se pierde a sí mismo?… Padre Nuestro, que estás en los cielos…Santificado sea tu Nombre”… Fin del comunicado. Prosigue Shakira… “Perteneciste a una raza antigua, de pies descalzos y de sueños blancos….Fuiste polvo, polvo eres….”

En aquellos entonces, no le ponía mucha atención a este pequeño pero significativo incidente. Todos los días a las seis de la tarde, todos los radios de Monterrey paraban la transmisión para darnos esa reflexión: ¿De qué le sirve al hombre ganarse al mundo entero, si se pierde a sí mismo?

Me pregunto cuánta gente realmente se ponía a reflexionar sobre ello. 

Después de todo, la mayoría de nosotros vivimos para “ganarnos el pan”. 

Muchos años después, es que he llegado a realmente pensar sobre el significado de esa frase. Viene de la Biblia, del pasaje de San Mateo 16:26-27 que dice: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?”

A mi me parece que a estas alturas, en pleno siglo XXI, sabemos la repercusión de haber “ganado al mundo”. Nos creemos ganadores y merecedores de un mundo al que realmente, no conocemos. Hemos construido un mundo artificial sobre el verdadero, y hemos explotado al verdadero, para seguir construyendo nuestros castillos de arena (¿O más bien, de plástico?)

Pero, ¿Qué es lo que hemos ganado?

Aparentemente, hemos ganado más “Progreso”. Hemos avanzado en tecnología, en la ciencia y medicina; en el transporte; en la educación y en más confort. Para lograrlo, hemos tenido que explotar y desgastar nuestros verdaderos recursos naturales; los únicos que realmente nos proporcionan la verdadera vida: taladramos árboles indiscriminadamente y destruimos nuestros bosques para producir cosas secundarias como muebles, utensilios, o cosas industriales. ¿De qué te sirve tener una estúpida mesa nueva si no tienes oxígeno para respirar? (…) ¿Porqué contaminamos nuestras aguas con químicos industriales y desechos tóxicos? La misma agua que viaja por los subsuelos acuáticos, por el mar, los ríos… eventualmente termina en el aire que respiramos y en el agua que tomamos.

Vivimos en un mundo en donde si el hombre percibe que “gana”, la naturaleza pierde.

No hemos logrado conseguir un equilibrio óptimo, esta utopía de ganar- ganar. En este juego de la vida, los humanos nos hemos empeñado a querer conquistar la naturaleza y ser los ganadores del cuento; sin darnos cuenta que nuestra victoria, de seguirse llevando acabo como ahora, es la semilla de nuestra propia destrucción. 

Ahora entiendo mejor esa famosa frase de San Mateo, que todos los días las estaciones de radio de Monterrey nos hacían recordar. ¿De qué nos sirve ganar, si en realidad ganar, es perderlo todo? Perderse a uno mismo, es perderlo todo. Perder la propia identidad es un asesinato a la luz del día. 

¿Qué es lo que queremos ganar del mundo? ¿Sus recursos?, ¿La gente?, ¿El poder ?, ¿Qué es exactamente lo que ganamos si intentamos dominar a este mundo? 

Lo único que ganamos, es nuestra garantía de aniquilación. Atentar contra el mundo, contra nuestra naturaleza, contra otros seres, y contra otros humanos, es simplemente atentar contra uno mismo. Porque no vivimos en entidades separadas, ni somos seres auto- suficientes. Necesitamos que nuestro entorno, nuestro mundo, esté en armonía para sobrevivir. Un minúsculo cambio en el fino balance de nuestros procesos bioquímicos y fisiológicos, que cause un desequilibrio en nuestro sistema inmunológico, endócrino y en la producción óptima de células regenerativas y terminamos moribundos en el hospital.

Por eso la pregunta: ¿Ganar o Perder? Carece de todo sentido. No hay ganadores ni perdedores. O respetamos a las leyes de la naturaleza, y buscamos por fin la reunificación humana con los valores universales del amor, la tolerancia y el libre albedrío junto con nuestros compañeros de viaje (todos los seres vivos)…o nos vamos todos al fango.

Y como dice la famosa ley Newtoniana: “Todo lo que sube, también baja”.

Si realmente queremos ganar, tenemos que dejar de competir. Tenemos que abandonar la mentalidad de “ganar” y adoptar una nueva forma de ver a la vida: Ver la Interconexión, los múltiples procesos de vida que dependen uno del otro; vernos interdependientes y como parte del todo; cuidando celosamente nuestro hermoso hogar.

Seguir ignorando este hecho, es mentirse a uno mismo. 

 Y como dice Gandhi: “Siempre es mejor perder con la verdad, que ganar con la mentira”.

En Los Límites de la Comodidad…

No puedo imaginarme, que en estos tiempos exista alguien que no aspire al comfort como estilo de vida.

¿Para qué nos esforzamos tanto en obtener tanta riqueza material, si no es para poder vivir con más comodidad?

¿Para qué inventar tantas industrias que producen cosas o proveen servicios, si no es porque queremos vivir una vida más fácil, con más lujos y excentricidades?

Creo que toda nuestra estructura social y mentalidad colectiva en el siglo XXI está enfundada en esta obsesión por el alcanzar los más altos grados de comfort, facilidad y accesibilidad 24/7.

No niego que es un privilegio vivir cómodamente y sin tener que preocuparme si voy a poder comer en las próximas horas o no; o dónde voy a vivir. Cosas fundamentales, que, tristemente aún para millones de personas siguen siendo esas mismas preguntas su cuestionamiento diario de supervivencia.

Así de loco está nuestro mundo; una sociedad en el occidente puede darse el lujo de pedir su comida online, dos “clicks” en su smartphone y minutos más tarde reciben su pizza caliente hecha de ingredientes orgánicos (o así lo quieren creer); mientras que en otra parte del planeta, en comunidades indígenas remotas, la gente aún tiene que viajar más de diez kilómetros a pie con sus cubetas de plástico rancio para abastecerse de un poco de agua medio potable del río más cercano.

Más allá de estas tristes distinciones entre los niveles de comodidad, hay una pregunta que acecha mi cabeza desde hace un rato y que hoy decidí bajarla al mundo “real” de las letras para buscarle un sentido:

¿Hasta qué punto el comfort termina siendo dañino para las personas?

Hace un tiempo, leí la única autobiografía escrita por Mathama Ghandi. Su libro se llama “La historia de mis experimentos con la verdad”. Su verdad.

Ghandi fue un hombre extraordinario que dedicó su vida a honrar a su patria de la forma más sublime que podemos aspirar en esta existencia humana. Su capacidad de compasión, amor, entrega y servicio; aunado con sus extraordinarias capacidades como abogado, activista político y líder por la paz; han dejado una huella que trasciende tiempos y generaciones.

Tal vez no muchas personas lo saben, pero Ghandi era una persona que vivía de forma muy austera por elección propia y además, era una persona que se imponía a sí mismo sus propias reglas y atacaba sus más estrictas disciplinas.

Sólo por mencionar algunas de las disciplinas a las que se sometía puedo nombrar las siguientes:

Ghandi comía sólo tres tipos de alimentos: Frutas, verduras y granos. La carne y productos derivados de origen animal eran estrictamente prohibidos. Por una parte, por su religión; y en segunda, por su propia convicción. Él consideraba completamente anti-humano tomar leche de vaca, comer carne de otro ser vivo o cualquiera de sus derivados. El hecho de que el hombre tenga el pensamiento de comer carne por satisfacción y no por necesidad, lo consideraba como tener una mente de consciencia inferior.

Entendió que el ser auto suficiente en todos los ámbitos lo acercaba más su vocación de servicio. Por ello, él mismo se confeccionaba su ropa, preparaba su comida, limpiaba sus zapatos, limpiaba su casa y hasta se cortaba él mismo el cabello.

Caminaba varios kilómetros al día y lo consideraba como una de sus tácticas para mantenerse sano y activo.

Practicó el celibato aún y estando casado por convicción propia.

Tomó la verdad como su absoluta forma de vivir; por lo que mentir para él era como negar la existencia de Dios.

Consideraba que el único poder legítimo radicaba en la capacidad de servir. Él enfocó su servicio a India y a la liberación de la nación de la dominación Británica por medio de un movimiento pacifico, sin incitar la violencia.

La lección que me dejó leer su autobiografía y descubrir su forma de pensar y actuar en búsqueda de la verdad y del verdadero servicio a Dios a través de sus actos, es que una persona con tanta capacidad de abandono de sí misma sólo puede desarrollarse si esa persona decide someterse a las más estrictas disciplinas.

Ghandi, y muchos otros líderes que han trascendido a lo largo de nuestra historia, se han vuelto inmortales porque pagaron el precio de renunciar al ego, sacrificando el comfort en sus vidas a cambio de austeridad, y disciplina absoluta, para de esta manera alcanzar metas más sublimes que van más allá de su propio beneficio personal.

No me extraña que, a estas alturas, ya no conozcamos líderes que sean capaces de cometer tales actos de amor.

Los líderes actuales, son considerados “líderes” por su capacidad de acumular riqueza e influencia. Ya no hay Ghandis a quienes admirar; ahora sólo están los Zuckenbergs, Bezos, y Gates del mundo, los cuales son admirados por no por sus bondades del alma, si no por su capacidad de generar riqueza y poder.

Ser un líder en estos días ya no se trata de querer sacrificar la comodidad – y mucho menos la vida- para el beneficio y las libertades de los demás; ahora se trata de acumular recursos y poder para desequilibrar a las poblaciones mundiales, y acrecentar la brecha de desigualdad. Todo por monopolizar productos y servicios para nuestra “comodidad” y “bienestar”.

¿Debemos estar agradecidos con ellos, por hacernos la vida más fácil?

No lo sé. Yo soy de la opinión que buscar la comodidad es un arma de dos filos.

Por una parte, creo profundamente que todos merecemos vivir de forma digna, con las herramientas y recursos necesarios para poder disfrutar plenamente de la vida. No se trata de tener que ser siempre mártires del mundo y vivir en escasez por el puro hecho de sufrir.

Pero creo también que hay límites, y que la comodidad puede meterte en un hoyo sin salida.

Por ejemplo, herramientas como el Facebook han ayudado a conectar a millones de personas; te ahorra el trabajo de escribir emails, cartas o de hablar por teléfono. Si alguien cumple años, ya no necesitas ni memorizar la fecha; Facebook te lo recuerda. Encima te propone qué tipo de felicitación puedes mandar. Eliges un “template” escribes feliz cumpleaños y listo. Ya cumpliste. Ahora puedes pasarte las siguientes dos horas revisando el resto del newsfeed.

Mientras más uses el servicio, más poder tiene Facebook. Más comfort para ti, pero menos poder. La atención, que es tu fuente de poder, se la regalas a Facebook de a gratis. Qué lindo, ¿No?

Si la vida se vuelve demasiado cómoda, ponemos en peligro nuestra capacidad creativa, y nuestros talentos en la resolución de problemas. Caemos en el riesgo de estancar nuestro crecimiento humano.

En un mundo donde la vida parece darnos demasiadas comodidades, creo que vale la pena preguntarnos: ¿Cómo revalorar el sacrificio auto-impuesto y la austeridad, como una herramienta para el crecimiento humano?

Yo creo que una sociedad que se ha vuelto floja, es una sociedad dependiente y que termina tomando rol de víctima. Una sociedad débil, que no es auto-suficiente por sí misma, por el valor de sus hombres si no que depende de sólo un par de individuos en el poder, puede hasta estar en peligro de colapso, en mi punto de vista.

No se trata de demonizar el progreso. Se trata de preguntarnos si este progreso nos está haciendo más sabios, más sanos mental y físicamente; más conscientes de nuestro mundo y sus realidades; mejores personas, con mayor capacidad de amar; si realmente estamos advocando por más unión, más belleza, más justicia y más verdad.

La persona que tiene la virtud de la austeridad y disciplina, conoce muy bien las profundidades de su ser. Conoce sus límites. Sabe quién es. No podemos conocernos a nosotros mismos, si no experimentamos con nuestros propios límites. y ¿Cómo hacerlo en un mundo que pretende servirte todo en bandeja de plata?

Mi reflexión y propuesta en este tema es: Retomemos la virtud de la austeridad y la disciplina en su justa medida. No sacrifiquemos nuestra naturaleza de crecimiento humano por tener más comodidad.

La comodidad en exceso nos hace flojos, conformistas y mediocres.

Busquemos lo superior. La única manera es adentrándote en tu ser, probando los límites de lo que crees que puedes llegar a ser. Autodisciplina; austeridad; humildad; y búsqueda de la verdad.

Yo espero, que busques una vida con menos comfort y con más desafíos.

¿Te atreves?

¿Vale la Pena Pagar el Precio de Ser Coherente?

Hoy quiero compartir una pequeña reflexión sobre una palabra que no escuchamos muy a menudo últimamente, pero que es muy poderosa cuando nos decidimos a aplicarla en nuestra vida: La coherencia.

Tener coherencia en la vida, conlleva al acto de pensar, sentir, hablar y hacer lo que nos dicta nuestra guía interior, nuestro corazón. Es dejar al compás interno direccionarnos en cada una de nuestras acciones. Es el ser honestos con nosotros mismos y con los demás en nuestras intenciones.

Es muy fácil darse cuenta cuando no estás siendo coherente en tu vida: Las cosas no fluyen, los problemas parecen salir tan pronto levantas una piedra, como si fueran una plaga de cucarachas; las enfermedades aparecen, y tienes la impresión de que tan pronto sales de un hoyo, te estás metiendo en otro. Te sientes frustrado, cansado y de mal humor más días de la semana de lo que quisieras admitir.

Si nos va tan mal con la incoherencia, ¿Porqué a tantas personas les cuesta más ser coherentes con su vida que no serlo?

Muy fácil, porque no les gusta pagar el precio de ser coherentes.

Ser coherente tiene su precio, y es caro.

Es el armarte de coraje y hacer lo que realmente quieres hacer, sin tener garantías de éxito.

Es ser congruente con tus valores más intrínsecos y no dejarse arrastrar por las expectativas o presiones de otros.

Es trabajar incesablemente en lo que amas, es tener paciencia, hacer sacrificios y enfrentar los rechazos y fracasos que aparezcan en el camino.

Es aceptar y asumir la responsabilidad de los errores y fracasos, en lugar de tratar de esconderlos o culpar a otros.

Es muy fácil hablar y prometer cosas; lo difícil es cumplirlas. Tristemente la persona con la que menos nos comprometemos, es con nosotros mismos.

Con otras personas con las que sentimos una obligación podemos cumplir nuestras promesas, pero nos parece fácil engañarnos a nosotros mismos y sabotearnos sin ninguna consideración.

Yo lo he vivido. Sé lo que es el autoengaño. Pagas un precio barato a corto plazo, pero a largo plazo termina saliendo bastante más caro de lo que pensamos.

Autoengañarse es querer comerse el pastel de chocolate en plena dieta porque piensas que “mañana empiezas de nuevo”.

Es intercambiar una hora de estudio y escritura por ver una serie de Netflix porque “te mereces un descanso”.

Es trabajar en algo que no te gusta porque tienes un salario “seguro” en lugar de armarte de valor y emprender algo por tu cuenta o buscar trabajar en algo que realmente te gusta.

Son las mil y una excusas que nos ponemos para no vivir la vida que realmente merecemos.

No tiene nada de malo recompensarse de vez en cuando; no estoy en contra de los pasteles de chocolate, ni de las series de Netflix. De hecho, me encantan ambas cosas. El mensaje es más bien reflexionar hasta qué punto un placer del momento nos aleja o acerca de los objetivos que queremos alcanzar. Por ejemplo, comerse un trozo de pastel de chocolate una vez por semana, no tiene nada de malo e incluso puede ser una recompensa inspiradora por toda una semana de estar en régimen estricto de dieta. O si haz trabajado más de 8 horas al día durante la semana y un sábado por la tarde prefieres pasarlo viendo películas de Netflix, ¿Porqué no?

El punto es que las «recompensas» sirvan de catapulta para regresar hacia las acciones que nos llevan a ser coherentes con nuestros objetivos.

Yo he aprendido con el tiempo que prefiero pagar el precio de la coherencia, y disfrutar el proceso de lo difícil pero valioso, a estar regateando con la vida por lo fácil.

El precio de lo fácil es barato. Por eso a tanta gente le gusta lo barato, porque no hay que esforzarse mucho para obtenerlo. La incoherencia es fácil, y por lo tanto barata; y lo que obtienes a cambio obviamente es lo equivalente a lo que pagaste.

¿Porqué es fácil ser incoherente?

Porque así siempre puedes cambiar tu forma de pensar y actuar de manera en la que te beneficies de una situación o una persona.

La incoherencia es barata porque no requiere compromiso, ni sacrificio; no se necesita mucha inversión y se obtienen recompensas rápidas. Son los placeres instantáneos los que rigen a los incoherentes. Son las ganas de obtener toda la recompensa en el presente, sin trabajar para construir algo sólido en el futuro.

En lo personal, después de experimentar con los dos mundos, prefiero la coherencia, y pago con gusto su precio. A largo plazo, tiene su recompensa: Las cosas fluyen, todo se sincroniza en tu vida, recibes más de lo que pides, y pareciera que la vida te bendice entre más coherente actúas.

Cuando llevas una vida coherente, no existen realmente los problemas como tal porque la persona que tiene una coherencia sólida sabe qué hacer en cada situación. No hay dudas, sólo certezas. Eso no significa que no haya dificultades; esas siempre aparecerán, pero tu actitud y tu certeza en la acción te darán un poder personal que sólo es posible acceder cuando estas en sincronía total con el entorno, con la divinidad.

El amor se demuestra con hechos, y ser coherente contigo mismo es uno de los actos más grandes de amor que te puedes dar.

La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, dice y hace están en armonía”-  Mathama Ghandi